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Cueva de Piedras Blancas (Almería). Paleolítico Superior
Equus przewalski
Cueva de Tito Bustillo
Caballos de la Cueva de Ekain
Caballo de la Cueva de Jorge (Mesolítico) Museo de Cieza (Murcia)
Selva Pascuala, Villar del Humo (Cuenca)
Cebras
Onagro
¿Encebra? Pintura rupestre de Fuente del Cabrerizo, Albarracín, Teruel. (Breuil)
Caballo Przewalski
Tarpan (reconstruido)
Przewalski abatido por soldados rusos
Caballo de tiro centroeuropeo
Aptitud para la doma
Vaso campaniforme
Amen-Hotep II
Código de Hammurabi
Yegua berberisca
Caballo berberisco
Bajorrelieve mesopotámico. Asna con su buche
Yegua berberisca con su rastra
Thut Mose IV
Jinete ibero
Caballo árabe
Perfil sub-convexo
Manada losina
Estela con jinete. Clunia (Burgos)
Marco Aurelio
La jineta se conserva en el rejoneo
Yeguas mestizas
Cueva de Niaux
Pony Shetland
Pony Dales
Terrecota ibera
P.R.E.
Bronce ibero
Caballo de bronce (Museo de Mérida)
Caballo Sorraya
Vaqueros
Guerrero ibero
caballo losino
Yegua losina en Invierno
Yegua con muleta
Caballeros cristianos y musulmanes
Alfonso X "El Sabio"
Rodrigo Díaz de Vivar "Cid campeador"
Muletas
Garañón Zamorano
Rendición de Granada
Yeguas bretonas con sus rastras
Caballo losino
Yeguas con sus muletas en la sierra
Caballo losino
Molinero en su yegua losina
Alférez de la Caballería española
Semental postier bretón
Coche de mulas
Potranca losina
Yegua losina con rastra
Dibujo de un caballo losino
Querían ver la raza en los ejemplares cruzados... (el "Moro" de Berberana)
El "Moro" de Castrobarto
"Blacky" de Relloso
"Blacky" de Relloso
"Moro" de Castrobarto
Se soltaron las yeguas en el monte de Pancorbo...
Feria de Criales de Losa (1989)
"Boni" con su vieja yegua
Caballo losino
Restos de un lechal losino comido por los lobos
Jinetes en losinos
Manada losina en la sierra de Pancorbo
Tarjeta de Telefónica sobre el caballo losino
Yeguas losinas en el monte
Lechal losino mordido por los lobos
Yegua losina y su potro
Yegua y potranca losinas
Cabeza de potro losino
Manada losina capturada
Marcando losinos
Yegua losina con rastra, en los pastos
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EL CABALLO LOSINO, SUS ORÍGENES EL CABALLO SILVESTRE EN LA PENÍNSULA IBÉRICA Es notorio que, durante el Paleolítico el caballo era muy abundante en la Península Ibérica y así lo demuestran, no sólo los restos fósiles sino también cientos de pinturas rupestres y en especial las correspondientes al período Solutrense.
Comúnmente se ha dado por sentado que los cambios climáticos
producidos a finales del Pleistoceno (10.000 a. C.) produjeron
modificaciones en la vegetación, que conducen a la transformación de las
estepas en bosques, y que con aquéllas desapareció la especie caballar.
Según esta teoría, los caballos habrían abandonado la Península Ibérica,
ascendido septentrionalmente tras los hielos en retirada.
Muchos autores han creído confirmada esta teoría al no
encontrarse restos fósiles
de équidos correspondientes a la etapa del Neolítico.
Hay que aceptar respetuosamente cualquier hipótesis, pero sin
olvidar que todas ellas están por ser demostradas y que por lo tanto
siempre hay que recibirlas y analizarlas con espíritu crítico y jamás
darlas por “indiscutibles”.
Las teorías tienen una importancia de primer orden en el
desarrollo de las ciencias. En el pasado no había más opción que
discutirlas razonadamente, pues no existían los métodos actuales de
investigación. Que duda cabe, que en muchas ocasiones la aplicación de
la razón al análisis de las hipótesis ha llevado a convencimientos
absurdos (“el sueño de la razón produce monstruos”, dijo Goya), ya
que la realidad es con frecuencia más caprichosa que nuestra imaginación.
Estas teorías, publicadas por algún autor, han sido
reproducidas en infinidad de publicaciones y sin el más mínimo espíritu
crítico, contribuyendo así a su divulgación y aceptación social.
Afortunadamente, cada día son más los conocimientos acumulados y
los métodos de investigación (nuevas técnicas arqueológicas, ADN,
Carbono 14,...) y por lo tanto, la comunidad científica está en situación
de confirmar, modificar o rechazar muchas de esas teorías clásicas. Sin
embargo hay dos factores que frenan este sano avance: la escasez de
recursos económicos (si pocos son los fondos destinados a la Arqueología,
menos son los dedicados a la Arqueozoología y escasísimos los aplicados
a la investigación arqueológica de las razas domésticas) y el profundo
arraigo de algunas de estas creencias entre el público (reforzada por la
constante aparición de publicaciones, de bajo nivel intelectual que
machaconamente repiten y respaldan ideas obsoletas)
Sirva como ejemplo la manida teoría de que las actuales razas de
caballos domésticos descienden del Equus
przewalski, cuando hace ya muchos años que el análisis de ADN
demostró que este équido está genéticamente tan distante del Equus
caballus como éste lo está del Equus
asinus, ya que el primero posee 66 pares de cromosomas, el caballo 64
y el burro 62 (si bien es cierto que, mientras que el cruce de Przewalski
y caballo es normalmente fértil, el de caballo y burro no lo suele ser).
A pesar de ello son multitud las publicaciones aparecidas en los últimos
años que mantienen aquella idea.
De la misma manera la teoría de la desaparición de la especie
caballar de la Península Ibérica durante el Neolítico se dio por buena
hasta hace pocos años, a pesar de que se podrían haber objetado dudas
razonables.
Con el tiempo han aparecido, y cada día son más, los restos de
caballos encontrados en los niveles neolíticos peninsulares, como son los
aparecidos en Aldecueva (Carranza – Vizcaya), cueva de Urtiaga
(Itziar-Deba – Guipúzcoa), cueva de los Husos (el Villar – Álava),
yacimiento de Zatoya (Aburrea Alta – Navarra), Cova Fosca (Ares del
Maestre – Castellón)... Según
el Profesor D. Jesús Altuna, Director del Departamento de Arqueología
Prehistórica de la Sociedad de Estudios Aranzadi y miembro del Comité
Internacional de Arqueozoología (ICAZ), aquella teoría “queda alterada
e invalidada” y “no ha habido extinción del caballo ni en el Mesolítico,
ni en el Neolítico”, aunque “probablemente no fue abundante en la
región durante el final del Paleolítico al preferir las estepas
desarboladas centroeuropeas”. En "Fauna y paisaje de los Pirineos en la Era Glacial" (Óscar Arribas, 2004) dice: En el Cantábrico la abundancia de la especie disminuye mucho al acabar el Würm, aunque sin desaparecer del todo a lo largo del Meso- y del Neolítico. En la Meseta tampoco parece que desaparezca en el Posglaciar, , sino que continúa hasta el Neolítico, donde aparentemente sigue su caza y comienza su domesticación
Este hecho puede tener una gran repercusión sobre las teorías acerca del origen de los caballos ibéricos, ya que es frecuente leer
planteamientos como que, si durante el Neolítico no existían caballos
aquí y en el Mesolítico sí, éstos tienen que proceder de caballos
oriundos de centroeuropa (caballo celta) o del Norte de África (caballo
bereber).
Con los conocimientos actuales, lo más coherente es suponer que
los caballos silvestres ibéricos de la Edad de Hierro, descendían
directamente de los caballos del Paleolítico.
Durante el Pleistoceno, en la Península Ibérica, habitaba el Equus
caballus torralbae, de 144 a 145 cm de alzada, mientras que en el
resto de Europa habitaban el Equus
caballus mosbachensis, de 164 a 167 cm de alzada y el Equus caballus gallicus, de 132 a 142 cm. A partir de la última glaciación, denominada Würm, los fósiles de caballos aparecidos en la Península Ibérica pertenecen a una única subespecie caballar (a excepción de los yacimientos de Urtiaga y Aitzbitarte, donde aparecen restos de Equus caballus gallicus, sin duda debido a la proximidad con el sur de Francia). Esta subespecie es el Equus caballus antunesi que derivaría del E.c. torralbae, y de la que descenderían los caballos silvestres ibéricos y por tanto las razas caballares españolas y portuguesas. DEL CABALLO SILVESTRE AL DOMÉSTICO Aunque
hoy en día veamos al caballo como un animal doméstico muy especial, con
el que compartimos ratos de ocio o del que nos servimos en nuestro trabajo
diario, hay que reconocer que
durante las 30/31 partes del tiempo que llevamos conviviendo con él, este
ha sido considerado tan sólo
como una más de las piezas de czaa de las que se sustentaba el hombre
euroasiático.
Llegado un momento, esta relación se transforma y nace la doma.
Aprendimos a aprovecharnos de la fuerza y velocidad de este animal. Este
hecho es uno de los más transcendentales de la Humanidad y a marcado
decisivamente la historia de las culturas y naciones.
Pero, ¿dónde y cuando se produce este evento?. Para la mayoría
de los autores, esto se produjo en Oriente. Unos se inclinan por el Cáucaso,
otros por Ucrania, otros por Kazajistán o por Mongolia.
Como ocurre con las reacciones químicas, para que de la unión del hombre y
del caballo se produzca el
jinete se tienen que dar unas condiciones adecuadas. La primera es que
estos dos cuerpos se encuentren, lo que implica que, necesariamente tuvo
que producirse dentro del área del hábitat natural del caballo
silvestre. La segunda condición es que el hombre halla alcanzado el
adecuado nivel cultural. Este momento coincide con el Neolítico, época
en la que los hombres comienzan a desarrollar la agricultura y la ganadería.
Necesariamente tendría que haberse producido sobre équidos física y psíquicamente
aptos para la domesticación. Otra condición es que la vegetación esté
suficientemente despejada como para que el uso del caballo resulte útil,
ya que en las zonas boscosas pierde la mayor parte de su utilidad. Tampoco
sería en zonas muy montañosas, por la misma razón anterior, y porque el
caballo silvestre solo visitaría esas zonas de manera esporádica y
estacional. Un factor muy importante es que esa sociedad fuera ganadera,
dado que el conocimiento de la domesticación de otros animales le daría
una ventaja fundamental, y encontraría una aplicación inmediata a la
doma del caballo en el manejo de sus ganados. DE LOS ÉQUIDOS, SU DISTRIBUCIÓN Y CARACTERÍSTICAS
El genero Equus procede del continente americano, en donde se extinguió
durante el Pleistoceno. Desde allí se esparció por el continente
euro-asiático y por África, produciendo, en su adaptación a los
distintos nichos ecológicos, una serie de especies, subespecies y
variedades. Estas formas componen un amplio abanico que, manteniendo los
parámetros que las unen como especie, difieren en formas, alzadas,
llamadas, capas y condiciones para su domesticación. En
el sur y este de África dio lugar a las cebras, entre las que se han
conocido al Equus zebra, Equus
granti. Equus boehmi, Equus chapmanae, Equus grevyi, Equus quagga y Equus
burchelli. Todas ellas son de pelaje rayado en blanco y negro o castaño,
con raya de mulo, tienen la cabeza y orejas grandes, la cola en forma de
brocha, la crin corta y erizada, rebuznan y no han sido utilizadas como
animal doméstico. En
el norte de África se produjo el asno. El asno
salvaje africano se clasifica como Equus
asinus, tienen una talla pequeña (alrededor de 1,10 m), de capa gris
amarillenta con una raya oscura que le surca por el lomo desde la crin a
la cola (raya de mulo), otra que atraviesa la cruz (cruz de San Andrés)
y cebraduras en las patas. El hocico y el vientre son más claros,
la cabeza y las orejas muy grandes, la crin corta y erizada, rebuzna y ha
sido domado desde la prehistoria, generando muchas razas domésticas por
todo el mundo.
En Oriente Próximo se generó el hemión u onagro, conocido científicamente
como Equus hemionus onager. En el Tibet se produjo el kiang conocido
como Equus hemionus kiang. En el
noroeste de la India el khur o ghorkar, llamado Equus hemionus khur y en Mongolia el kulán o chiguetai, conocido
científicamente como Equus hemionus
hemionus. Todos ellos son de capa crema amarilla, con el vientre y
hocico blancos, raya dorsal, cola brocha, crin corta y erecta, cabeza y
orejas grandes, rebuznan,
están adaptados a vivir en climas desérticos, son muy veloces y
son de carácter arisco y huidizo, lo que no impidió que fueran domados y
uncidos a los carros en Mesopotamia, en la época de los sumerios.
Desde el Villafranquiense hasta el último periodo prehistórico habitó, en el sur de Europa y
oeste de Asia el Equus hidruntinus.
Su forma ibérica perduró hasta el siglo XVI o XVII, y se conocía como
Cebro/a o Encebro/a El nombre de cebra aplicado a los équidos del sur y este de África procede de este mítico animal. El primero, o uno de los primeros ejemplares de cebra africana de los que se tiene noticia en España es el que envió el “Rey” de Egipto cuando mandó una embajada al Rey Alfonso X “el Sabio”, en el año 1260: Y estando el Rey Don Alfonso en Sevilla y todas las gentes con él en este cumplimiento que hacían por su padre, vinieron a él mensajeros del Rey de Egipto, que decían Alvandexaver. Y trajeron presentes a este Rey Don Alfonso de muchos paños preciados y de muchas naturas, y muchas joyas y muy nobles y mucho extrañas. Y otrosí trajeron un marfil y una animalia que decían azorafa, y una asna, que era buiada, que tenía la una banda blanca y otra prieta, y trajéronle otras bestias y animalias de muchas maneras...
Por lo que se puede apreciar este animal era desconocido en
occidente y se le califica como una “asna buidada” (barreada o
listada), y aún no se le aplica el nombre de cebra. Posiblemente este
nombre se lo dieran posteriormente los portugueses, al recordarles a la encebra por sus
“bandas blancas y prietas”. En el Diccionario de la Lengua Francesa, le Petit Robert dice de la cebra: Zébre- 1610, port. zebbra (XIIe.), d´o. i.; á l´origine nom d´ un équide sauvage de la péninsule ibérique, applié ensuite á l´animal d´Afrique. El Nuovo Zingarelli, ed. Zanichelli, 1986, dice: Zebra - voce iberica col sign "di onagro" (d´origine incierta) passata`poi, per tramite port., nel Congo, a designare l´animale esotico.
En Mongolia han existido hasta época reciente el caballo
Przewalski y aún sobrevive en algunos zoológicos y parques. Se trata de
un équido de pequeña alzada, de color crema, con el vientre y el hocico
blancos, la crin corta, erecta y sin tupé, estrecha raya de mulo,
cebraduras ocasionales en las patas, cabeza y orejas grandes, cola poco
poblada, ojos pequeños y poco expresivos, de carácter esquivo, nunca fue
domado. Durante mucho tiempo se le consideró el ancestro de todos los
caballos verdaderos, pero esa teoría ya ha sido descartada. Juliet
Clutton-Brok (British Museum, Natural History, Cambridge, 1987) dice: No parece que el caballo de Przewalski esté directamente ligado a los
ancestros de los caballos domésticos europeos. Es más aceptable que sea
un vástago lateral de la línea principal de caballos pleistocénicos,
que sobrevivió a la extinción...
En las llanuras euro-asiáticas habitó el Tarpán. Gmelin lo
conoció en las alturas de Rusia central, cerca del río Don, en 1769, y
lo describió así: El mayor de los
caballos salvajes es difícilmente tan grande como el más pequeño ruso.
Comparada con otras partes, su cabeza es extraordinariamente pesada. Sus
orejas son puntiagudas, ambas del tamaño de las de los caballos domésticos,
o largas, casi parecidas a las de los asnos, y caídas. Sus ojos son
fieros. Su crin es corta y erizada. Su cola está más o menos cubierta
por pelo, pero siempre algo más corto que en los caballos domésticos.
Son de color ratón y
ésta es una característica observada en todos los caballos salvajes de
este distrito... el vientre es de color blanco o ceniza y las patas negras
por debajo de la mitad y hasta los cascos. Su pelo es muy largo y tan
grueso que uno imagina tener la sensación de ver una piel de peletería más
que la de un caballo.
Los caballos salvajes son muy difíciles de domar, no son usados
para cabalgar y generalmente mueren al año siguiente de ser capturados. Los sementales salvajes atacan y matan a los domésticos para secuestrar sus yeguas. Del cruce se producen híbridos que comparten características de ambos.
Describe a uno de esos híbridos, que ya debían de ser muy comunes
en aquel tiempo. Era hijo de una yegua negra doméstica cimarrona con un
semental tarpán. El híbrido era de color ratón oscuro mezclado con
negro. Su cola era más peluda, pero no completamente. Su cabeza era
gruesa, la crin corta y erizada, la forma del cuerpo más oblonga,
mientras que el pelo era de caballo doméstico, tanto en longitud como en
densidad.
La
extraordinaria variación en el tamaño de las orejas (del tamaño de las
de los caballos domésticos, o largas, casi parecidas a las de los asnos)
habría que achacárselo a los cruces sufridos por aquella población del
Don, lo que, junto a la caza con armas de fuego, supuso su total extinción.
Zeuner, en su “Historia de los animales domésticos” (Londres,
1963) cita la información de Pfizenmayer (1926) quien, cuando se
encontraba en la expedición por Siberia que le permitió recobrar el
famoso mamut Beresovka, ahora exhibido en San Petersburgo, recogió, a su
vez, varias informaciones de los cazadores locales sobre una población de
caballos salvajes al noreste de Siberia, entre los ríos Omolon y Anjuj,
ambos tributarios del Kolijma. Este caballo era muy parecido al Tarpán
pero cubierto de largos pelos de color gris-blanquecinos, del tamaño de
un caballo yakut, y habitaba en las proximidades del circulo polar, en la
tundra, cerca del límite forestal.
Para Lundholm (1949) las diferencias entre el Przewalski y el Tarpán
estaban en lo plano de la frente, en el perfil ondulado del cráneo, en
dos depresiones, la primera de las cuales se encuentra entre los ojos y la
segunda entre los tercios medio y anterior del nasal,
en que los supraorbitales sobresalen por encima del nivel de la
frente y en que el morro es más bajo y corto que en el Przewalski.
Por estas
descripciones parece que el tarpán era algo más parecido al caballo
verdadero, pero también habría que considerarlo como un semi-caballo, a
mitad de camino entre los semi-asnos y los caballos.
En Europa occidental, al final de la última glaciación, existían
tres tipos de caballos; al norte de los Pirineos, el
Equus caballus gallicus,
de una alzada de 1,32 a 1,40 m., y el Equus
caballus germanicus, de una alzada de 1,45 a 1,50 m., y al sur de los
Pirineos, el Equus caballus antunesi, de una alzada de 1,40 a 1,47 m., único y
exclusivo de la Península Ibérica.
Hoy en día los caballos se dividen en tres grupos genéricos: los
ponies, los caballos de sangre fría o pesados y los corceles. A pesar de
haber transcurrido tantos siglos y de un intenso trasiego de caballos, aún
es posible ver coincidencias al superponer el mapa de distribución de éstos
con el de las subespecies primitivas. De estas tres subespecies, la que reunía mejores condiciones para la equitación era la de la Península Ibérica, por tratarse de animales de estepa, adaptados a la carrera, ágiles y de suficiente talla. Nada podemos saber de sus condiciones psíquicas para la doma, pero a juzgar por sus descendientes, éstas debieron ser muy buenas, y en cualquier caso, abismalmente superiores a las de los semi-caballos habitantes de las estepas orientales Durante mucho tiempo se pensó que la retirada de los hielos habría dado paso a un paisaje forestal en la Península Ibérica, sin embargo, los análisis polínicos demuestran que, al principio del Holoceno, en la meseta existía un paisaje estepario con manchas de robledal mixto, mientras que en el Levante dominaba el bosque mediterráneo. En la Europa templada y en la cornisa cantábrica sí se dieron los bosques espesos y continuos. Estas condiciones ecológicas debieron influir en la evolución de las distintas subespecies de caballos. DEL
MARCO AGRÍCOLA Y GANADERO.
Por razones ecológico-climáticas, en la Península Ibérica se
dieron con anterioridad al resto de la zona ocupada por los caballos las
condiciones para el desarrollo de la agricultura y la ganadería. El inicio de la agricultura se produjo en las zonas en donde, tras la última glaciación, se criaban espontáneamente las gramíneas. Éstas se daban en la cuenca del Mediterráneo, asociadas al robledal mixto. En el Levante español, se practicaba su recolección desde antes del Holoceno, y su cultivo aparece a mediados del noveno milenio, mientras que en otras regiones como Zagros o Anatolia, no aparecen hasta el octavo. En el yacimiento de la cueva de l´Or, se descubrieron varios tipos de trigo y cebada cultivada datados del 5.500 a. C., mientras que a la Europa del norte y oeste y a los límites de la estepa rusa, no llegaron hasta el 4.000 a. C. (María Luisa Ruiz-Gálvez Priego, “Prehistoria de España, los orígenes”, Biblioteca Iberoamericana, Ed. Anaya SA, 1988, Madrid) Según informaba la agencia EFE el 29-01-05, un equipo del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Valencia ha descubierto en el yacimiento neolítico de Mas d´Is (Alicante) fragmentos de cultivos de trigo y cebada que se remontan a 5.600 años antes de Cristo. DEL ORIGEN DE LA DOMA Y DEL CABALLO DOMESTICO
Los argumentos anteriores hacen sospechar que fue en la Península
Ibérica donde brotó la domesticación del caballo. Esto habría sido
posible por contar con una variedad de équido apta para la doma, por
haber alcanzado un desarrollo socio-económico adecuado (agrícola-ganadero),
y por poseer un paisaje (estepas con bosque mixto) en las que su uso como
montura resultaba altamente beneficioso. Este hecho se podría haber
producido antes del 4.000 a. C.
De esta misma opinión era
el gran hipólogo lusitano Ruy d´Andrade y dijo: “De
hecho, nos demuestran los arqueólogos, aparecen caballos domesticados en
las pinturas de abrigos del Levante español que se remontan al Mesolítico
y, al Neolítico, aparecen ya montados, encontrándose de esa época,
armas como la alabarda, que es un arma anti-caballería, el "dardo de
arremesso" y la
lanza contrapesada, "lanza de
conto", que es de la época del
bronce, así como el freno y las espuelas, todos ellos objetos de uso en
la lucha ecuestre de la lanza esgrimida. Estos datos arqueológicos hacen,
pues, remontar la equitación de la jineta, necesaria para la esgrima de
lanza, a 4.000 años a. C., fecha en la que en parte alguna del Mundo se
conoce haber ya caballos domesticados, mucho menos montados y aún menos
conducidos con freno y espuelas, esto es ensillados para evolucionar con
precisión”.
(traducción libre del texto “Esgrima de Lança á Gineta”) Otro texto que abunda en el mismo convencimiento es el siguiente: La existencia de caballos (Equus caballus) en los yacimientos anteriores, así como en otros contemporáneos de la provincia de Granada, plantea la posibilidad de una domesticación autóctona de esta especie en la Península Ibérica según el investigador alemán H. P. Uerpman, para el que habría que descartar una difusión de esta especie domesticada desde Oriente o Europa Central (La Historia de Almería, Vol. I La Prehistoria. Martínez C., Carrillero M. y Román M. Ed. Mediterráneo-Agedime. Madrid. 1998)
Con los datos aportados en las últimas décadas por el yacimiento
de Cova Fosca (Ares del Maestre - Castellón), ya sabemos que en el Levante
domesticaban caballos, ovejas, cabras y perros desde finales del Paleolítico
(Epipaleolítico) y al cerdo y al toro, desde el Neolítico. (Carmen
Olaria e Isabel Rubio, “El Neolítico en las comarcas Castellonenses”
Ed. Cátedra SA, Madrid, 1988) DE
SU DIFUSIÓN POR EUROPA
Desde la Península Ibérica se habría comenzado a distribuir el
corcel hacia el norte y este en tiempos remotos, muy probablemente junto
con la expansión de la cultura megalítica. Tradicionalmente se consideró
que la cultura megalítica procedía del este, sin embargo, hoy se sabe
que las construcciones megalíticas occidentales son anteriores a las
orientales. Durante
mucho tiempo se tendió a ver en ello la influencia civilizadora de
Oriente, donde ya era conocido este tipo de enterramiento.[...] A partir
de la utilización del método del carbono 14, desde los años 60 quedó
claro que las construcciones megalíticas occidentales eran más antiguas
que las orientales; otros trabajos posteriores permitieron igualmente
aislar de toda influencia oriental el nacimiento de la metalurgia en
Europa. El más antiguo foco megalítico de la Península es el portugués,
que se remonta al cuarto milenio a. de C.
(María Luisa Ruiz-Gálvez Priego, 1988) No sería extraño que esta cultura se
difundiera desde la Península Ibérica. Su difusión coincide con la
aparición de las gramíneas cultivadas en el centro y norte de Europa, y
podrían haberse distribuido desde la costa levantina española donde ya
se cultivaban desde el 5.600 a. C.
Entre los pobladores neolíticos de la Europa central y norte
coexistieron dos actitudes opuestas hacia los caballos, al mismo tiempo
eran piezas de caza y atributo de príncipes y reyes. Esto
bien podría interpretarse como que, mientras el caballo nativo sigue
siendo el tradicional objeto de la caza, hay unos pocos, adquiridos
mediante el comercio con la Península Ibérica, por los que se tiene un
extraordinario aprecio, siendo una ostentación del máximo rango su
posesión.
Para algunos autores la expansión del caballo doméstico por
Europa central coincidió con la de la cultura conocida como de las
“Hachas de Guerra”, que penetró en Alemania, procedente del sur de
Rusia, sobre el 2.300 a. C. Esto parece coincidir con la expansión de la
cultura Campaniforme que, procedente de la Península Ibérica, penetró
en Alemania desarrollando una floreciente cultura que intercambiaba ámbar
de la costa del mar Báltico por bronce, cerámica y collares del mar
Mediterráneo.
Según Zeuner: Con el Danubiano IV, la primitiva Edad del Bronce se desarrolla y
disemina hacia el oeste y el norte. El pueblo de la cerámica campaniforme
establece la nueva economía del metal trabajado y desarrolla el comercio
por doquiera. Puede ser debido al comercio que el caballo viene a ser
ahora una importante proposición económica, y que la cría del caballo
se inicie a gran escala.
Fernando d´Andrade dice en su “Historie du Cheval Ibérique”: Il est probable que l´expansion de la civilisation
connue comme celle du “vase campaniforme” se développant sur la Péninsule
Ibérique pendant l´âge du bronze, trois millénaires avant J-C, et répandue
sur l´Europe du Nord et du Centre, soit due á ce cheval.
El perfil convexo de las razas pesadas europeas, que en España
también se le conoce como perfil germánico, es muy probable que lo
adquirieran de los caballos del sur de la Península Ibérica, ya que éste
era uno de sus rasgos característicos.
Fue Antonius el primero en sugerir un centro de domesticación
separado en la Península Ibérica (aunque, para él éste sería el
origen de los caballos pesados). De similar opinión era Staffe (1944),
quien la englobaba con el noroeste de África. Zeuner dice:
Asumiendo que el oeste fue indudablemente un centro independiente de
domesticación del caballo, el problema cronológico salta a la palestra.
Si el caballo doméstico estuvo presente en el Neolítico de la Península
Ibérica, debería haber estado aquí considerablemente antes del 2.000 a.
C., en un tiempo en que el resto del Mediterráneo todavía no lo había
recibido. DE SU DIFUSIÓN POR ORIENTE
La llegada del caballo doméstico a Europa central y norte no habría
supuesto ninguna convulsión social o económica ya que al tratarse de
zonas muy boscosas el caballo no podía desarrollar todo su potencial y
disminuía mucho su valor como arma de guerra. Más bien se le tenía como
un artículo de lujo, apto para el ornato y ostentación de las clases más
poderosas que comenzaban a surgir junto con el comercio. Sin embargo, al
llegar a las estepas del oriente europeo y occidente asiático provocaría
un cambio radical y muy especialmente al encontrarse con el carro. Esto
pudo ocurrir a orillas del mar Caspio, ya que en Mesopotámia venían usando el
carro para uncirlo a bueyes y onagros.
Isaac Asimov, en “La tierra de Canaán” (Alianza Ed. Madrid,
1983) lo narra así: Entre los primeros pueblos que poseyeron el carro y el caballo habría uno al que conocemos como los hurritas. Estos descendieron sobre el arco septentrional de la Media Luna Fértil desde las estribaciones de las montañas del Cáucaso, al norte del Tigris y el Éufrates, inmediatamente después de la muerte de Hammurabi, entraron en Canaán y la atravesaron... Por primera vez en la historia de Egipto, éste tuvo que enfrentarse a un enemigo proveniente del otro lado del Sinaí. No pudo resistir a los caballos, como no había podido hacerlo Canaán. El
caballo pasó a convertirse en una indispensable fuerza bélica. A partir
de entonces y hasta principios del siglo XX definiría la historia del
mundo. DE
LA TEORÍA CLÁSICA
Esta teoría contrasta con la que comúnmente localiza la domesticación del caballo en la estepa ucraniana, al norte del Cáucaso. Algunos autores incluso creen haber encontrado evidencias en el yacimiento arqueológico de Dereivka, del 4.000 a. C., pero hay que darse cuenta de que de haber sido domesticado el caballo en Ucrania, en una edad tan temprana, su uso se habría extendido a la misma velocidad que él por todo Asia y norte de África, y el mundo civilizado de entonces tendría que haberlo conocido, inexcusablemente con mucha más anterioridad; bien lo habría adoptado como arma, ornato y medio de transporte, o bien habría sufrido las feroces cabalgadas de los pueblos invasores hartos de polvo y miseria y sedientos de sangre y riquezas, tal como ocurrió muchos siglos más tarde. En el texto de Asimov citado anteriormente nos relata cómo los hurritas, procedentes del Cáucaso, asolaron el Imperio Babilónico a la muerte de Hammurabi, es decir sobre el 1.750 a. C., y efectivamente, en su famoso Código de Leyes no se menciona a los caballos, pero existe una carta, aparentemente escrita en tiempos de su sucesor, Samsulluna, en la que narra como por aquel tiempo hubo grandes movimientos de gentes, que trajeron muchos caballos a Mesopotamia (Zeuner).
Otro tanto habría ocurrido en Egipto. Los egipcios divinizaron a
muchos animales, desde el humilde escarabajo al hipopótamo o al buitre.
De haber llegado el caballo en una época más temprana, cuando se estaba
fraguando su religión, lo hubieran puesto en sus altares, pues resulta
imposible de creer que, de haberlo conocido, no divinizasen a un animal
tan "adorable".
Parece ser que las sucesivas oleadas bárbaras, procedentes de las
estepas de Asia occidental, sufridas por Oriente Medio y por Europa están
directamente relacionadas con "su" descubrimiento del caballo
doméstico y "su" dominio de la equitación.
El hecho de que Europa haya sufrido tantas invasiones de pueblos
jinetes desde Oriente, ha influido poderosamente en nuestras cabezas, a la
hora de suponer un origen a la equitación.
La razón por la cual tardó tanto tiempo en difundirse el caballo
y la equitación desde la Península Ibérica es porque, al no ser posible
el transporte marítimo de caballos, en aquella época, necesariamente tenía
que hacerlo a través de Europa, y esta región, durante el Neolítico,
era un extenso y denso bosque, con muy escasa población, circunstancias
que no permitieron a aquellos europeos aprovechar las ventajas del caballo
como sí lo hicieron los pueblos de las estepas, cuando lo conocieron.
Cuando los ibéricos llevamos a los caballos a América éstos se
extendieron por todo el continente, desde la Patagonia al Canadá y sin
embargo no se encuentra en la selva del Amazonas. Esto no es tanto por
razones climáticas como por la inoperatividad del caballo en los bosques. Curiosamente fue a Portugal y a España, cuna del caballo doméstico, a quienes les correspondió el honor de devolverle a su tierra de origen, a América, donde, por algunos siglos, pudo recuperar su estado salvaje y galopar por todo el continente sin límites. DEL
CABALLO BERBERISCO Y DEL ÁRABE
El caballo no es un animal propio de climas desérticos. Con
el clima actual, las únicas zonas aptas para mantener una población de
caballo silvestre, en el norte de África, sería la zona comprendida al
norte de la línea que une Sidi Ifni (Marruecos) con Sfax (Túnez), por
encima del Atlas argelino, otra zona en los alrededores de Trípoli y otra
en los alrededores de Bengasi. En estas áreas hay un clima estepario y
marítimo seco, pero al sur hay clima desértico. Por otra parte sabemos
que el actual aspecto desértico del Sahara es, en parte, un fenómeno
reciente. Hace ocho mil años, durante la regresión de la última
glaciación, el Sahara tenía un clima templado pero ha ido evolucionando
a seco y esta crisis se agudizó a partir del siglo II después de Cristo,
alcanzando la crisis climática su momento decisivo entre los siglos V y
X, pasando de una facies esteparia a una facies desértica, exceptuando el
desierto de Libia, que es de origen más antiguo.
Para Roma, Berbería y Cirenáica fueron, junto con Iberia y
Egipto, el granero de su imperio. Herodoto nos describe su paisaje así:
”Esta comarca y el resto de
Libia en dirección a Poniente están más pobladas y más cubiertas de
bosques que las de los nómadas. Pues la Libia oriental en donde habitan
los nómadas es baja y arenosa hasta el río Tritón; pero la que está al
occidente de este río y habitada por agricultores es muy montañosa, muy
arbolada y llena de animales salvajes”(CXCI) “En
el interior de Libia el país es desértico, sin agua, sin animales, sin
lluvias, sin bosques, desprovisto de cualquier clase de humedad”(XXXII)
Teniendo en cuenta estos antecedentes y el hecho de que al día de hoy, y desde tiempos remotos, existe en esa zona una población caballar, conocida como bereber o berberisca, parece lógico pensar que en la antigüedad también existieron caballos silvestres en el norte de África. Sin embargo, sabemos que al final del Pontiense (hace 7 millones de años), ya en el primer periodo del Pleistocénico (Placenciense) se vuelve a abrir el Estrecho de Gibraltar y queda configurado con su aspecto actual. El équido que habitaba a ambos lados del Estrecho en aquella época era el Hiparión brachypus o Pliohippus, similar a una cebra con apoyo en un solo dedo y dos atrofiados. Los verdaderos caballos aparecen en Europa en el interglacial Günz-Mindel, hace aproximadamente medio millón de años. De haber llegado al norte de África lo tendrían que haber hecho a través de Oriente Medio y Egipto y sin embargo, en estas zonas se desconocía al caballo. Hay algunos datos que refuerzan esta teoría, como por ejemplo, que en Crimea, durante el Musteriense (180.000-140.000 a. C.), los animales a los que el hombre daba caza eran el corzo, el íbice, la oveja salvaje, la saiga, el ciervo y el asno salvaje; destaca el asno, del que se encontraron 60.000 huesos y dientes en el yacimiento de Starosl´ye. Que los sumerios (5.000 a.C.) no conocían al caballo, sin embargo usaban al onagro para arrastrar pesados carros militares. (Lara). Que, como narra J. Pijoan en su Historia del Mundo (Salvat Ed. 1950 t.I) “Resulta evidente, de algunos fragmentos del Zend-Aresta que cuando los arios llegan a Persia (al comenzar el segundo milenio antes de Cristo) los únicos animales que tenían domesticados eran el perro y la vaca, y acaso el gallo. Que los egipcios no conocieron al caballo hasta después del imperio medio tebano (1.660 a. C.)” ¿Pudo
ser que se extinguiera en Oriente Medio y Egipto y quedara una población
aislada en el norte de África? ¿Sería posible que habiendo evolucionado
separado del resto de la población mantuviese un parecido tan grande con
el caballo ibérico? Sin duda
es un asunto que la arqueología terminará por dilucidar, pero hay
suficientes razones como para sospechar que África no contaba con
poblaciones de caballos silvestres, sino de asnos y, por lo tanto los
caballos berberiscos descenderían de caballos europeos y asiáticos
llevados por la mano del hombre. Sin embargo nos encontramos con
argumentos contradictorios, como los siguientes: en la región del Tibesti
(Chad) aparecieron unas pinturas rupestres en las que se distinguen carros
de un eje tirados por una pareja de animales al galope. Las pinturas
parecen pertenecer a una cultura neolítica. De esto se podría deducir
que en la región del Sahara existían caballos en el Neolítico, y no sólo
esto, sino que además ya conocían la doma y el carro. Sin embargo esta
conclusión puede ser errónea, pues si analizamos este asunto
minuciosamente vemos lo siguiente: el Neolítico es un termino
convencional, es la época anterior a la era de los metales, pero su
datación varía mucho según las zonas y culturas que las habitaban. Así,
por ejemplo, en Australia y en la Polinesia ésta era duró hasta hace
apenas dos siglos, mientras que en Europa la rebasaron en el 2.000 a.C. En
África la Edad de Piedra final (Paleolítico Superior) se extendió hasta
la Edad de Hierro (pocos siglos antes o después de Cristo, según las
diversas zonas) o incluso hasta tiempos históricos. Por otra parte
sabemos que los egipcios conocieron al caballo y al carro con la invasión
de los Hicsos, en 1650 a.C. y que fueron expulsados por Ahmés en 1580
a.C. Una vez libres de los invasores y dueños de la nueva tecnología del
caballo y el carro, es muy probable que mandaran expediciones a las zonas
de su entorno (o que fuesen los garamantes, como luego veremos) y que
llegasen a la zona del Tibesti, en donde sus primitivos habitantes
intentaron retratarlos en las paredes de sus cuevas. Si nos fijamos en
estas pinturas rupestres nos daremos cuenta que los animales allí
representados, como vacas y jirafas, están retratados con mucha destreza,
a pesar de la sencillez de los trazos. Los carros también están
perfectamente dibujados y sin embargo, las parejas de animales que los
arrastran están tan
burdamente pintados que es imposible reconocer en ellos al caballo. En
realidad parecen más unas jirafas de cuello corto, y esto, sin duda es así,
porque esta gente era la primera vez que veían a los caballos y por ello
no fueron capaces de darles el realismo que acostumbraban dar a las
especies nativas. Así pues, contrariamente a lo que pudiera creerse en
una primera y precipitada conclusión, estas pinturas pueden corroborar
que el caballo era desconocido por los habitantes del Tibesti.
Según Herodoto (siglo V a.C.) los garamantes de Fezzán (Libia)
eran agricultores sedentarios que utilizaban carros tirados por caballos:
“Dan caza estos garamantes a los
etíopes trogloditas con carros arrastrados por cuatro caballos”y
este hecho se verificó en el siglo XX gracias a un descubrimiento de arte
rupestre en el Jabal Akakus en el Fezzán occidental y en el Jabal
al-Urraynat cerca de la frontera de Egipto. Sin embargo, estas pinturas no
han de ser muy antiguas ya que los garamantes no disfrutaron del caballo
hasta el año 900 a. C.
Hoy en día se da por asumido que el caballo no existía en África,
pero aquí se plantea otra incógnita y es que si los egipcios no conocen
al caballo hasta el siglo XVII a.C., y los garamantes hasta el año 900 a.
C., cuando los fenicios fundaron Cartago (1.900 a.C.) o Trípoli (1.800
a.C.) no los encontrarían. Puede ser que los llevasen ellos y lo más lógico (por la proximidad, cantidad y calidad de sus caballos) es
que los aportasen desde sus colonias ibéricas como Almuñécar, Adra, Málaga
o Cádiz. De ser así, se explicaría la similitud entre el caballo ibérico
y el bereber. Tampoco hay que desdeñar la posibilidad de que fuesen los navegantes tartessios los que introdujesen por primera vez al caballo en África, ya que, como dice el Prof. García Bellido en "Historia de España" (Pág. 291): Sería absurdo sostener que los tartessios - a quienes hemos visto poco antes mantener estrechas relaciones marítimas con Bretaña, las Islas Británicas e Irlanda, antes de los fenicios - no estuviesen capacitados para navegar hacia el Sur, a lo largo de las costas mauritanas y hasta parajes muy alejados; tanto por lo menos, como lo está Cádiz de Irlanda. Y en la página 293 cita a Poseidonio, el cual describe sus embarcaciones: "a los que llaman caballos, a causa de la figura de sus proas"
Curiosamente, en una de esas antiguas colonias fenicias se
constituyó el Imperio Cartaginés, que rivalizó con el romano por el
control del Mediterráneo y que hizo de su caballería una de las mejores
de la antigüedad. Con respecto a las poblaciones de animales y los
cartagineses, cabe recordar que en su tiempo los elefantes eran comunes en
Berbería, hasta el punto que Aníbal los usaba en sus ejércitos, y sin
embargo, hoy están extinguidos. Y que el animal más emblemático
del Sahara, el dromedario, no existía, ya que fue introducido por Séptimo
Severo a finales del siglo II.
Los
griegos debieron influir en el desarrollo de la raza berberisca .En la
Historia del Mundo (Salvat ed.) de Pijoan J., encontramos lo siguiente:
“... en el siglo IX a C, que es cuando escribe Homero, el caballo debía ser muy común en Grecia, pero en la Iliada aqueos y troyanos no montan a caballo sino en ocasiones especialísimas. No tienen caballería; tan solo emplean los caballos para uncirlos a los carros de guerra; Los troyanos son designados con el epíteto "domadores de caballos"; en contraposición, a los aqueos se les llama "destructores de ciudades". Todo hace creer que la tan ponderada riqueza de los troyanos era resultado del comercio que hacían con los caballos”. Los griegos instalaron colonias comerciales en el Mediterráneo y criaron caballos en ellas. “...Cirene, ,(Shabbat, Libia) en Africa una colonia de los dorios, era famosa por su suelo fértil favorable para la cría de caballos". Los
griegos admiraban al caballo ibérico y a sus jinetes. Era tenido como el
mejor de la época mitológica
griega (Homero, Ilíada, más de 1000 a.C.).Durante la Guerra del
Peloponeso, Dionisos de Siracusa ofreció 50 jinetes mercenarios iberos a
Jenofonte, para ayudar a los espartanos contra los atenienses (Jenofonte,
Las Helénicas, vol VII, 369 a. C.). Si eran capaces de transportar por
mar, a 50 iberos con sus respectivos caballos desde Iberia hasta el
Peloponeso, hay que concluir varias razones:
-El transporte de caballos en barco, incluso a largas distancias
era factible para los griegos del siglo V a. C. (ya lo habría sido para los
fenicios)
-La caballería ibérica tendría algo muy especial para llevarla
hasta tan lejos y ser suficiente en tan reducido número (se ganó la
batalla).
-No encontraban jinetes ni caballos comparables en lugares más próximos.
Si
estas conclusiones son acertadas, es lógico suponer que no sólo
transportasen caballos ibéricos con fines bélicos y que no sólo los
importasen a Grecia, sino también a sus colonias asiáticas y africanas.
De ser así, el caballo bereber procedería, primordialmente, del
caballo ibérico, tanto por influencia tartessia, fenicia o griega . Publius Vegetius (siglo IV a. C.) en su Mulomedicina
nos dice:
Los
caballos africanos de sangre hispánica sobrepasan a los demás en
velocidad.
En cuanto al origen del árabe, parece estar mucho más claro que
desciende de animales domésticos importados en época histórica. No hay
que olvidar que el comercio en la antigüedad era muy fluido y que influyó
mucho en la distribución de los animales domésticos, especialmente donde
no existían de manera natural, por no encontrar competidores. Sirva como
curioso ejemplo el texto siguiente: [..] A partir del siglo I de la era cristiana (tras la expedición romana de Aelius Gallus, procónsul de Egipto, ordenada por Augusto en el año 26 a. C., que alcanzó las puertas de Márib, capital de Sabá ), el comercio se hizo por mar. Naves romanas con tripulaciones griegas recalaban en los puertos sudarábigos, desde donde transportaban los aromas sudarábigos y las especias de la India con menos peligro y menos coste hasta el puerto de Berenice en Egipto, y desde allí por tierra hasta la ciudad de Koptos, y por el Nilo en barco hasta Alejandría. El manual de comercio del siglo I para el mar Rojo y el océano Índico, conocido como “Periplo del mar Eritreo”, nos informa de los artículos que las sociedades sudarábigas importaban. Estos eran principalmente textiles y vestidos, oro, estaño y cobre, coral, perlas, estoraque, trigo, arroz, vino, aceite de sésamo y esclavos; mercancías de lujo como caballos, estatuas y objetos de plata para la corte. [...] “El País de la Reina de Saba, tesoros del antiguo Yemen”. Felipe Maíllo Salgado (Pág. 15)
A poco que reflexionemos sobre este texto tenemos que concluir que
el hoy tan afamado caballo árabe y supuesto ancestro de tantas razas no
existía en el siglo I, ya que como dijo Fernando del Pulgar “porque así como ninguno piensa en lleuar fierro a la tierra de
Vizcaya, donde ello nasce...”...a ningún comerciante romano se le
pasaría por la cabeza llevar caballos a donde con tanta calidad se crían.
Sin duda la Península Arábiga tampoco entraba en la distribución
natural de la especie y , por tanto hay que pensar que la actual raza árabe
es fruto de la recría de caballos domésticos europeos. Posiblemente al
haberse criado fuera de su hábitat, de una manera artificial, muy
dirigida por el hombre, con un alto grado de aislamiento y con una fuerte
endogamia, se haya producido una raza tan peculiar, homogénea y de tanta
preponderancia genética. Con frecuencia se oye hablar del caballo como un animal propio del desierto, lo cual no es cierto en absoluto. Los animales propios de los desiertos arenosos tienen pies almohadillados, adaptados para caminar en la arena sin hundirse, como por ejemplo el dromedario y el camello. Los équidos que tienen por hábitat los desiertos pedregosos sí que tienen pies duros, pero suelen poseer grandes orejas tanto para oír a largas distancias como para facilitar la regulación de la temperatura corporal, como ocurre con el asno salvaje, el emión, el onagro o el kiang. DEL
ORIGEN DE LAS RAZAS AUTÓCTONAS IBÉRICAS
Es muy probable que ya en el Neolítico se fijasen las
diferencias entre los distintos tipos que se aprecian en la actualidad; en
la zona cantábrica, adaptado al clima atlántico, con abundantes pastos
pero de bajo poder nutricional y mineralmente pobres, relieves abruptos,
climas suaves y lluviosos, que le obligan a adoptar formas pequeñas,
ventrudas y de perfil sub-cóncavo. En la meseta, adaptado a estepas y
faldas de montaña, con clima continental, pastos menos abundantes pero
muy nutritivos y de gran riqueza mineral, que desembocan en un tipo de
caballo de tamaño medio, perfil recto, con una osamenta de gran calidad y
gran vigor. En la zona bético-mediterránea, adaptado al clima mediterráneo,
pastos abundantes y de riqueza mineral variable, que produce un tipo de
caballo de mayor talla que los dos anteriores , de capa más clara y con
perfil sub-convexo.
Durante el Neolítico, el hombre ibérico comienza a despegarse de
su nicho ecológico y a crearse su propio entorno, dominando la
naturaleza, mediante la agricultura y la ganadería. Aunque el cambio ha
sido lento y progresivo, y por tanto es muy difícil definir el momento en
que el ser humano deja de ser una especie más de las muchas que conviven
en el orden natural, es evidente que en esta época ya es capaz de
abstraerse parcialmente del rigor de la Naturaleza interponiendo técnicas
suficientemente desarrolladas, como la construcción de viviendas, la
producción de cereales, el ensilado de alimentos, la cría de ganado, la
elaboración de textiles y cerámica, etc... Con ello logra una mayor
estabilidad y abundancia en la obtención de alimentos, lo que le permite
un aumento demográfico que no ha parado hasta nuestros días. Por otro
lado se ve obligado a un cierto sedentarismo en las zonas más adecuadas
para llevar a cabo el nuevo sistema de vida. Esto propicia que, ya en
aquel tiempo, comience a haber zonas más humanizadas (alteradas) y otras
que se conservan en su estado natural. La fauna, especialmente la de los
grandes herbívoros sufre estos cambios en tres vertientes: una por la
ocupación progresiva de sus pastos para la producción agrícola , otra
por el aumento de la presión cinegética debido al incremento
poblacional, y otra por la aparición de animales domésticos.
No es el objetivo de este escrito hacer un análisis histórico de
la evolución de la sociedad humana en la Península Ibérica y su
influencia en el equilibrio natural, pero sí resaltar que ya en esta época
comienza un proceso que, andando el tiempo desembocará en diversas
fracturas en las poblaciones naturales de los grandes herbívoros, que al
permanecer aislados en sus, cada vez más pequeños reductos, comienzan a
evolucionar independientemente.
Este sería el origen de las razas autóctonas, al que hay que
sumar una serie de circunstancias que, a lo largo de su historia las han
influido, en mayor o menor grado.
En la Península Ibérica el proceso ha sido muy lento, ya que se
mantuvieron poblaciones salvajes hasta tiempos históricos (los romanos
les llamaban Equus silvicolensis)
, hasta el siglo XVI existieron las míticas encebras, y aún hoy en día
se mantienen poblaciones caballares en estado semi-silvestre.
Según Rodero, E. y M. Herrera (1998) “Las razas son poblaciones que se distinguen por un conjunto de
caracteres visibles exteriormente, que están determinados genéticamente
y que se han diferenciado de otras de la misma especie a lo largo de
proceso histórico, teniendo en cuenta que se han originado en un área
determinada con un ambiente común.”
Para Denis (1982) las razas, en su transcurso histórico pasan por
los siguientes tipos: -
Subespecies
geográficas, previas
a la domesticación. -
Razas
primitivas, con
limitada intervención del hombre. -
Razas
naturales, etapa de
transición a las actuales. -
Razas
actuales, intensa
intervención humana pero conservando el carácter regional. -
Razas
mejoradas, que tienen
proyección internacional.
En este proceso se parte de unas razas, que lo son por selección
natural (por adaptación a las condiciones ambientales) y se llega a unas
razas “mejoradas”, fruto de una selección artificial (por adaptación
al criterio y a las necesidades de la sociedad)
Hay autores que tratan indistintamente a unas razas y otras, sin
tener en cuenta que, mientras que unas están en los primeros estratos y
por tanto deben sus características a un proceso de adaptación al medio
durante miles de años, otras son fruto de manipulaciones humanas en busca
de tipos económicamente rentables o por simple capricho. Mientras que las
primeras tienen un gran valor genético y etnozoológico, que las hace
irreemplazables, las últimas se pueden recrear, siempre que se cuente con
ejemplares de las razas de las que proceden.
Por otra parte, las razas mejoradas dependen totalmente de la
protección humana y cuando las circunstancias económicas que han
provocado su aparición cambian, éstas desaparecen con rapidez. Razas que
hace unas décadas eran muy buscadas, hoy han dejado de criarse. Sin
embargo, las razas primitivas no tienen dependencia del ser humano y han
sido capaces de sobrevivir allí donde el hombre se lo ha consentido, de
forma similar a como lo han logrado los ciervos, jabalíes o lobos.
Hoy nos encontramos con “razas” que, partiendo de las
primitivas se las cruzó con caballos españoles que les proporcionasen la
alzada y cualidades para cubrir las necesidades militares de aquélla época.
Posteriormente y para dar servicio a la agricultura y a los tranvías
urbanos se las ha cruzado con sementales percherones y belgas, y cuando el
motor de explosión desplazó a los caballos de estos menesteres se ha
procedido a cruzar las yeguas con pura sangre inglés para crear una raza
deportiva. Hoy cuentan con sus respectivos Libros Genealógicos y el
respaldo de asociaciones de ganaderos y entidades públicas por lo que,
desde el aspecto jurídico-administrativo son razas de pleno derecho, pero
estas razas mejoradas ¿tienen el mismo valor que las razas primitivas?
Por poner un ejemplo, es como si comparásemos una repoblación forestal de
pinos o eucaliptos con un antiguo bosque autóctono. Desde el punto de
vista económico, es posible que tengan más valor las repoblaciones, pero
no así desde los puntos de vista botánico, genético, paisajístico,
medio-ambietal, histórico, recreativo, cinegético, micológico etc.
A nuestro entender, no se pueden considerar indistintamente y,
mientras que a las primitivas, por ser ramas próximas al tronco
originario, se las debe considerar como razas, a las últimas se las debería
considerar como variedades, tipos o sub-tipos. LAS
RAZAS CABALLARES DE LA PENÍNSULA IBÉRICA.
Analizando los estudios referentes al origen de las razas
caballares de la Península Ibérica, la mayoría de los autores
consultados achacan el origen de nuestras razas a las importaciones
realizadas por algunos de los muchos pueblos que se establecieron aquí.
En algunos casos porque los autores son foráneos y tienen una visión
parcial del asunto, y en los demás, porque son peninsulares y, como decía
Ruy d´Andrade: Com
a velha mania ibérica de que só é bom o que de fora nos vem, a galinha
da vecina sendo sempre melhor do que a minha, nâo só adoptamos, sem
raciocinar, tudo o que nos impignem, como desprezamos tudo o que tenemos,
e, se alguma coisa se mostra tâo boa que a nâo podemos desprezar, todos
nos empeñamos em procurar – lhe uma possível paternidade estrangeira
que lhe confira o valor que apresenta
Los pueblos preferidos para responsabilizarles de dichos orígenes
son los celtas, para las razas de jacas cantabro-pirenaicas y los íberos
y árabes para el caballo hispano y lusitano. La mayor parte de los
autores no consideran la posible intervención de otros pueblos como
fenicios, cartagineses, griegos, romanos vándalos, alanos, suevos, o
visigodos.
El caso más llamativo es el de los romanos, ya que habiendo
sido el pueblo que más tiempo nos ocupó, que más transformó a las
sociedades nativas, que más se preocupó del desarrollo agrícola y
ganadero, que propició un intenso comercio entre la Península Ibérica y
la Itálica, así como con el resto del Imperio, podría haber tenido su
cuota de responsabilidad en este asunto. Sin embargo parece que no
influyeron en las razas caballares de Iberia y, por ellos podemos saber
que ya en aquel tiempo se apreciaban tres tipos básicos de caballos: el Asturcón
o caballo de los astures (hay
que tener en cuenta que la Asturica
de los romanos abarcaba un territorio mucho más amplio que lo que hoy
conocemos como Asturias y que hasta hace unos siglos, a lo que hoy
conocemos como Cantabria se la denominaba la “Asturias de
Santillana”), el Celdón o
caballo de los celtíberos (el
caballo que los celtíberos usaban por habitar las mismas zonas que ellos)
y el caballo de la Bética y Lusitánica.
Los romanos encontraron un país lleno de buenos caballos y
jinetes, y no sólo no tuvieron que traerlos aquí sino que se los
llevaron a todos los rincones del Imperio.
Por Itálico sabemos que un tronco de caballos celtíberos obtuvo
el mejor premio en las carreras del circo de Roma. Por Plutarco, que Marco
Antonio (83-30 a.C.) llevó a Armenia 10.000 jinetes iberos y celtas. Por
Estrabón, que la abundancia de ganado era enorme y que existían muchos
caballos salvajes.
Parece ser que encontraron grandes diferencias entre el caballo
usado por ellos y el ibérico. El ibérico era mucho más veloz, hasta el
punto que se decía, según nos cuentan Varrón, Colmuela y Pompeyo, que
en la región de Olisipo (Lisboa) a las yeguas las fecundaba el viento. Plinio
“el viejo” llegó a creerlo de forma textual y afirmó: “Es
verdad que en Lusitania las yeguas, vueltas hacia el viento favonio
respiran sus fecundantes auras, preñándose de este modo; los potros que
paren son rapidísimos en la carrera”.
La abundancia y calidad de los caballos ibéricos permitieron a los
pobladores de la Península desarrollar una forma propia de equitación
“la Jineta”. Este estilo de montar surge de las características
propias del caballo hispánico, por tratarse de un caballo muy veloz,
galopador y revuelto. Los caballos de los romanos serían más pesados,
menos veloces, trotadores y poco ágiles, y decían del caballo hispano:
”grande , de cuerpo regular, derecho, de bella cabeza, resistente para
las marchas, muy valiente, veloz y muy superior al caballo de Campania y
al itálico en general”.
La jineta ibérica fue una revolución en la antigüedad y el
combate a la jineta hizo a los jinetes ibéricos muy superiores. Los
romanos integraron a los jinetes hispánicos en sus legiones y se ayudaron
de ellos para combatir en todas las fronteras del imperio, pero además
adoptaron esta técnica (y a los caballos adecuados para ella), hasta el
punto de que Julio César rejoneó un toro en Cádiz, en el año 45
a.C.(la escuela de la jineta se conserva en el rejoneo). El autor italiano
Nereo Lugli (El Caballo, I.G. de Agostini S.p.A. – 1972) lo narra así: Los que permanecieron mucho tiempo sin caballería fueron
los romanos. Fue preciso el encuentro con Aníbal y con la caballería
española para que, por fin, tras conquistar el mar por obra de Duilio,
ellos, que nacieron para manejar la espada corta en el combate cuerpo a
cuerpo, se decidieran a prestar alas a su ejército conquistando una
fantasía más. A partir de aquel momento se igualaron con los mejores y
muy pronto se situaron entre los primeros e indudablemente entre los
mejores criadores de caballos de todos los tiempos.
Entre los autores consultados, se aprecia frecuentemente que unen,
de manera demasiado simplista, las razas de caballos con las etnias
humanas que los explotaban o que habitaron sus mismas zonas. También es
muy común que se confunda cultura con etnia, de manera que si en una zona
concreta y en una época determinada se detecta arqueológicamente una
cultura ya se da por hecho que hubo una invasión y que el pueblo anterior fue absorbido o desplazado. Cuando,
en los procesos histórico-culturales, lo que suele ocurrir es que la
cultura superior es adoptada por los pueblos limítrofes, sin que ello
suponga ningún desplazamiento de las poblaciones. Si hoy se escucha Rock
& Roll en Shangai no es por que los anglosajones hayan invadido (físicamente)
la China.
Por otra parte hay que tener en cuenta que cuando un pueblo se
desplazó con sus caballos a territorios en donde no existían, pero tenían
condiciones para su desarrollo (como es el caso de España en América, o
de los ingleses en Australia) los caballos se multiplican sin reparo. Pero
cuando la región a donde este pueblo se desplaza ya está habitada por
caballos, la influencia de los recién llegados es mínima. Esto es
perfectamente lógico, puesto que los caballos aportados “de ramal”
nunca pueden ser muchos y, en ningún caso más que los nativos. Los
nativos están perfectamente adaptados a las condiciones de vida de esa
zona y compiten ventajosamente con los recién llegados, de manera que
los, relativamente escasos caballos aportados por los pueblos invasores
tuvieron pocas oportunidades de influir genéticamente en las poblaciones
caballares nativas, tanto por su menor número como por su menor
competitividad ante el medio y fueron absorbidos y neutralizados. Siempre
que una población mantenga la suficiente uniformidad genética y un número
elevado de ejemplares, será capaz de absorber y neutralizar las
ingerencias genéticas. Los genes predominantes se imponen por número y
por una mejor adaptación al entorno. Si vertemos un cubo de pintura a una
bañera, es seguro que esta se teñirá permanentemente, pero si lo tirásemos
al mar, su efecto desaparecería en breve y sin dejar ningún recuerdo.
Modificar genéticamente una población semi-silvestre, sana y
numerosa, no es posible sin el consenso y esfuerzo de los gobiernos de
varias generaciones. El todopoderoso Enrique VIII de Inglaterra dictó una
ordenanza por la que obligaba a la eliminación de todos los caballos que
no alcanzasen 153 cm. de alzada, lo que no pudo evitar que este país sea
el que cuente con mayor número de razas de ponys. En España, a pesar de
que se vienen importando razas extranjeras desde el siglo XVII, sus razas
autóctonas gozaron de excelente salud hasta que, en el siglo XX se puso
en marcha el proyecto de la producción del caballo agrícola-artillero.
Este proyecto supuso poner de acuerdo a todas las partes implicadas y a lo
largo de más de un siglo en la conveniencia de eliminar a todas las
poblaciones de jacas autóctonas del norte de España, mediante la absorción
genética con el Postier Bretón,
y, aún así hoy quedan algunos ejemplares puros de aquellas razas. EL
CABALLO CANTABRO-PIRENAICO
Es una de los tres tipos caballares peninsulares, del caballo
silvestre ibérico, el adaptado a vivir en el clima atlántico.
Con frecuencia se alude al origen céltico de las razas caballares
cantabro-pirenaicas con el único argumento de la similitud entre éstas y
algunas razas de las Islas Británicas y otros países europeos. Pero no
se tiene en cuenta que en similares condiciones ecológicas, se producen
formas biológicas afines.
Las razas caballares que tradicionalmente se asocian a un origen
celta (pony céltico de Ewart) son: el Islandés (Islandia), Shetland
(islas Shetland), Higland (Escocia), Exmoor, New Forest, Dalles, Fell, Galés
y Dartmoor (Inglaterra), Garrano (Portugal), Faco (Galicia), Asturcón
(Asturias) y Pottocka (País Vasco), Navarro (Navarra), y otras.
El supuesto parecido de estas razas ( probablemente existan más
diferencias entre un Shetland y un Fell, que entre éste y un Frisón),
puede deberse a muy diversas causas. Podría provenir, como defienden la
mayoría de los autores, de un origen céltico común, pero podría
deberse a que habitan en un ecosistema similar
o también a un origen común, pero mucho más remoto; el Equus
caballus gallicus, el que para algunos autores sería el ancestro de
todos los ponis europeos.
Tampoco se ha estudiado con el suficiente rigor la influencia del
caballo cantabro-pirenaico en las poblaciones británicas, pero según
Adof Schulten, los Oestrymnios de la actual Galicia ya comerciaban con los
caníbales de las Islas Británicas, en tiempos de Tartessos. En
"Historia Universal" (Ed. El País-Salvat. Madrid. 2004) podemos
leer, con respecto a los vasos campaniformes de la Bretaña francesa: Aquí
se trata de vasos de tipo gallego y portugués que prueban que ya
entonces, en el III milenio a de J.C., existía un intenso comercio y
navegación sorprendentes, aunque existen también rutas terrestres.
En el
siglo II, tanto en la época de Augusto como en la Julio-Claudia, Roma
trasladó a varias Cohortes Bracarenses a las Islas Británicas, y en los
siglos XIX y XX existió un fluido comercio de jacas cantábricas con
destino a sus minas. Los británicos reconocen que muchas de sus razas de
ponis (Cob Galés, Highland, Connemara, New Forest, Galés, Exmoor...)
comparten sangre española.
La “invasión” celta no se produjo en cuestión de meses, no es
que partieran con todos sus ganados desde sus zonas de origen y
llegaran aquí al poco tiempo. En realidad ese periplo fue muy
largo. Sus orígenes se remontan a 3.000 a. C. Entre los siglos XIII y XII
a. C., pequeños grupos familiares de campesinos, pertenecientes a la
cultura de los “Campos de Urnas”, comienzan a penetrar, lenta y pacíficamente,
desde el Languédoc y la Cerdaña, al Valle del Ebro. No es antes del
siglo VIII a. C. cuando, procedentes del Valle del Ebro, se hacen
presentes en la Meseta Oriental. De manera que su periplo duró 2.200
años. Es, seguramente, el periplo de una cultura más que la de un
pueblo, pero aún en el supuesto de que realmente se hubiera producido una
inmigración masiva desde el este de Europa hasta la península Ibérica,
al haber tardado tantos siglos ¿qué tendrían que ver los caballos con
que llegaron a atravesar los Pirineos con aquellos con los que partieron?
Lo que dicta la razón es que, a lo largo de su dilatado viaje, cuando sus
propios caballos muriesen, fueran capturando y domando a aquellos caballos
silvestres que se encontraron en el camino y que, para cuando llegaron a
estos lares el tipo de caballo que aportasen no tuviese nada que ver con
el de su zona de origen, como mucho estaría relacionado con el propio de
lo que hoy se conoce como Francia. No es razonable pensar que este pueblo
se aferrara a su antigua raza de caballos, ya que el concepto de raza es
relativamente moderno y hasta hace poco lo que primaba era el concepto de
utilidad. No existe ningún argumento para defender que su caballo
“original” fuese superior al que encontraron en Europa, pero mucho
menos en el caso de Iberia .
En cualquier caso, éste es un tema que, tarde o temprano, resolverá
la ciencia, pero ante el que no hay que estar enrrocado.
Las razas que, dentro del grupo cantabro-pirenaico, se conservan en
la península, en la actualidad son: el Garrano de Portugal, el Gallego,
el Asturcón, el Monchino, el Potoca, y el Navarro. Según la clasificación
de Denis, estas razas se encuadrarían como “razas primitivas”. Todas
ellas se han mantenido hasta el día de hoy en régimen de semi-libertad,
en unas condiciones muy similares a las de sus más remotos ancestros, lo
que ha permitido que, hasta no hace muchos años, se mantuviesen en un altísimo
grado de pureza y que la influencia humana en su genética fuese
despreciable. La drástica reducción de sus efectivos y la política
destructiva de las administraciones, empeñadas en “mejorar” estas
razas por la vía de la absorción genética mediante el cruzamiento
sistemático con las más diversas razas aptas para la producción cárnica,
las ha hecho desaparecer o las ha puesto en una situación extremadamente
crítica y con escasas probabilidades de salvación. Muy loables son las
acciones emprendidas por algunos responsables de la política autonómica,
que apreciando el incalculable valor de sus razas locales y entendiendo el
trasfondo del problema, han luchado por proporcionar los medios materiales
y humanos necesarios para rescatarlas de su ignominioso (no tanto por
ellas como por nosotros) destino. EL
CABALLO DEL SUR Y ESTE DE LA PENÍNSULA IBÉRICA.
Esta sería una de las tres variantes o sub-especies originadas a
partir del caballo silvestre ibérico. Era su adaptación al clima
mediterráneo. Sería el de mayor talla y el de más aptitud ecuestre.
Probablemente fuese la raza caballar más interesante (desde este punto de
vista) de todas, al menos es lo que se deduce de los comentarios de
griegos como Homero (1.000 a, C.) Jenofonte
(369 a. C.), romanos como Columela, Varrón, Paladio, Virgilio y otos.
Las diferencias con otras razas
o sub-especies del caballo silvestre euroasiático debieron de ser
la talla, la armonía de formas, el vigor, la velocidad, y, ante todo, el
carácter. Todas estas virtudes son producto de haberse criado en la zona
que mejores condiciones presenta para la pervivencia de su especie
(pastos, clima, minerales...)
Este es el ancestro del actual caballo español (P.R.E.) y del
caballo lusitano (P.S.L.).
El altísimo interés económico y militar de estas razas ha
provocado que su cría, al contrario que en los casos del caballo
cantabro-pirenaico y del de la meseta, se realice de forma intensiva e
hipercontrolada, lo que ha producido un alto grado de intervención humana
en su evolución, y en especial en los últimos doscientos años.
Según la clasificación de Denis, esta raza se encuadraría como
“raza mejorada”
Mucho se ha escrito sobre el origen de estas razas. Para unos
autores (Shulten) lo introdujeron los Iberos, desde África, en el siglo
XIII a. C.
Otros opinan que el origen está en la invasión de la Península
por parte de los Cartagineses, en el siglo III a. C.
La mayoría cree que es el resultante de la mezcla del caballo
peninsular con los caballos bereberes que trajeron los moros en su invasión.
Los menos, creen que los caballos que aportaron los musulmanes no
eran berberiscos, sino árabes.
En cuanto a la teoría de Shulten, hoy en día
se tiene un concepto más claro de lo que fueron los pueblos iberos: Durante
decenios hubo un debate entre los investigadores sobre el orígen de los
iberos, a quienes se les asignaban orígenes africanos primero y celtas
después; actualmente, como consecuencia de los descubrimientos
arqueológicos y los avances de la investigación se considera a las
poblaciones autóctonas peninsulares el principal protagonista de un
complejo proceso que a lo largo de los siglos VIII y VII a. C. dio lugar a
la formación de una sociedad urbana y de clases en el Sur de la
Península Ibérica: la sociedad Ibérica. (La Historia de Almería)
Sobre la influencia de los moros en la población nativa peninsular
nos cuenta Don Claudio Sánchez Albornoz (“España, un enigma histórico”,
EDHASA, Barcelona, 1976), lo siguiente:
En 711 se inició la islamización, no de los cristianos libres del
norte, sino de los ocho millones que quedaron en el sur bajo el señorío
de unos miles de orientales y berberiscos. El gran polígrafo y eruditísimo
genealogista IBN HAZM, sólo registra en la España musulmana del siglo
XI, 81 linajes de origen árabe. Y como los bereberes apenas habían sido
ganados todavía por las doctrinas religiosas del Islam, buena parte de
los conquistadores hubieron de comenzar entonces, como los españoles por
ellos sometidos, su despaciosa adopción de las formas de vida y de
pensamiento islámicos.
El proceso de tal adopción hubo de ser lentísimo. En la capital
de la cora o privincia de Elbira (Granada), la mezquita, empezada a
construir por un compañero de Muza, tardó siglo y medio en ser
terminada, según IBN AL-JATIB, por el escaso número de musulmanes que
durante tan largo plazo de tiempo hubo en la ciudad, donde se alzaban en
cambio cuatro iglesias. Y todavía a finales del siglo VIII, reinando
Hixam I (788-796), según AL-JUXAMI, el juez musulmán de la capital de
Al-Ándalus era el juez de la colonia militar de Córdoba, prueba inequívoca
de la mínima importancia de la población musulmana en la primera ciudad
de la España muslim. La orientalización de ésta se inicia con Abd
al-Rahman II (822-852). Sabemos que tropezó con la resistencia del
pueblo. Y si a mediados del siglo IX los cordobeses se negaban a aceptar
las modas de Oriente, no es aventurado afirmar que sus formas de
pensamiento, sus apetencias anímicas, sus esencias vitales, seguirían
hallándose substancialmente enraizadas en la más firme tradición
hispana anteislámica.
Durante el reinado del califa Abd al-Rahman III (912-966), todos en
la España musulmana hablaban el romance, incluso el califa y los nobles
de estirpe oriental, quienes al cabo de más de dos siglos de enlaces
sexuales con las mujeres peninsulares, apenas si tenían algunas gotas de
sangre no española. Doscientos años después del 711 eran pocos en la
Península los que sabían bien el árabe. Todavía en el siglo X algunos
islamitas ignoraban en España la lengua de los conquistadores. E incluso
mucho después del año mil seguía usándose el romance en las más de
las regiones del Al-Ándalus..... Los islamitas españoles seguían siendo
bilingües a fines del siglo XI o principios del XII.
De este texto se desprende que los árabes fueron tan pocos que
tenían problemas para imponerse cultural y religiosamente a la población
nativa, mucho más numerosa. Si esto ocurría con asuntos tan importantes
como la religión, que era el auténtico fin de su invasión, ¿Porqué
hay que creer que influyeron tan decisivamente en la raza caballar, si, ni
se lo propusieron ni tenían necesidad?
Según Alonso de Herrera (“Agricultura y fertilidad de España”,
1513), cuando Abomelic vino a hacerse cargo de la gobernación de Córdoba
dijo: “no había visto tierra de más
caballos”
No hay razones para dudar del sentido práctico de aquellas
gentes...
Si en la España musulmana siempre fueron mayoría los muladíes
(hispanos convertidos al Islam) ¿qué razón hay para pensar que los
caballos africanos fueron mayoría sobre los hispanos?
Afortunadamente, también hay algún autor que opina que descienden
de formas primitivas autóctonas de la Península, y cuyo representante más
genuino sería el caballo Sorraia (Ruy d´Andrade)
El tiempo y la ciencia dirá quién tiene la razón, pero, por todo
lo anteriormente expuesto, parece que la hipótesis más razonable es la
del origen autóctono.
Al tratarse de unas “razas mejoradas” lo más probable es que
tenga mayor relevancia el criterio de selección con que se ha criado, que
la posible influencia genética de otras razas. Al menos en lo que al
caballo ibérico anterior al siglo XVIII se refiere.
Posiblemente haya sido a partir del siglo XVIII, cuando más
cambios fenotípicos y genotípicos ha sufrido. De hecho en la etapa
anterior no se distinguía entre el caballo Lusitano y el caballo Español,
y sin embargo, en nuestros días se aprecian diferencias notables.
Lo que mantuvo unidos a los caballos meridionales de la Península
durante la mayor parte de su historia (además de su origen común) fue su
uso. Ya hemos dicho que en la península se desarrolló un estilo propio
de doma “la Jineta”. Este estilo se pudo desarrollar aquí porque el
caballo nativo lo permitía, e incluso lo pedía. Así como la doma
“inglesa” requiere de caballos trotadores y de tranco largo, y los
caballos trotadores y de tranco largo requieren ser montados a la
“inglesa”, los caballos ibéricos requieren ser montados a “la
Jineta” y “la Jineta” requiere de caballos ibéricos.
Este estilo de montar es propio de la Península Ibérica y
posiblemente es el más antiguo.
Toda la historia de Portugal y de España se ha realizado a lomos
de caballo y desde que entramos en ella se nos conoció por nuestra
caballería, por su extremada eficacia y por el exclusivo estilo de
montar. Aquel caballo ibérico se formó en la guerra y para la guerra, y
mientras fue útil para ese fin, se mantuvieron sus formas ancestrales.
Esas formas extrínsecas y cualidades intrínsecas fueron las que le
hicieron ser considerado el mejor caballo del mundo y que, desde los
tiempos más remotos hasta el siglo XVIII se utilizara para mejorar a la
mayor parte de las razas caballares. EL
CABALLO DE LA MESETA
Los romanos se refieren a este caballo como Celdón o Fieldón
y como el caballo de la Gallaecia, pero hay que recordar que esta
provincia romana, creada por el emperador Caracalla en el siglo III como
Hispania Nova Citerior Antoniana y luego conocida como Gallaecia, ocupaba
todo el noroeste peninsular, incluida la meseta superior.
También se le ha conocido como Caldón, Thieldón, Thielco,
Thieldo, caballo celtíbero y caballo castellano.
Procede de la adaptación del caballo
silvestre ibérico a las condiciones medio-ambientales propias de la zona
central de la Península Ibérica; al clima continental.
Los pueblos que, a la llegada de los romanos, habitaban esta zona,
eran muy diversos pero compartían rasgos culturales y formas de vida. La
lengua era de tipo céltico, mientras que la escritura derivaba del
alfabeto ibero. Ante todo eran ganaderos y, posiblemente ya realizaban
trashumancias que, siglos más tarde, serían el origen de la Mesta. Su
conquista, por parte de Roma, fue muy lenta y costosa (tardaron 12 años
en expulsar a los cartagineses y 200 en dominar a los celtiberos), ya que
se trataba de tribus de jinetes extremadamente hábiles y belicosos.
Don Julio Caro Baroja decía: “el
orgullo de los celtíberos estaba centrado en su caballería”
(1.957. “España primitiva y romana”, Ed. Seix Barral. Barcelona)
Después de pacificarlos actuaron como jinetes mercenarios para las
legiones romanas, en la Galia, Italia, Grecia y África, lo que atestigua
su destreza como guerreros y la calidad de sus caballos.
Hasta las reformas de Mario en
el año 104 a. C. la mayor parte de la caballería hispánica romana
estuvo compuesta por jinetes iberos (del mediodía y levante peninsular)
con sus caballos ibéricos, en tanto que a partir de dichas reformas las
alas hispánicas de la caballería auxiliar de las legiones estuvieron
engrosadas por gentes de la celtiberia (zona central, occidental y norte)
con sus caballos fieldones.
(Lión Valderrabano R. Y Silvela J., 1979. “La caballería en la
historia militar” Ed. Academia de caballería. Valladolid. Pág. 96) Silo Itálico recoge que uno de los premios más cotizados en las competiciones circenses de Roma consistió en un tronco de caballos celtibéricos (S. Itálico – XVI – DLXXXIII). Y que cuando Escipión regresó a la Península, después de arrasar Cártago, ordenó que se celebrasen unas carreras de caballos, como homenaje; todos los caballos eran hispanos, y el campeón fue “Lampón”, un caballo Celdón. (S. Itálico. Púnica. XVI-XXXII)
Anteriormente
habían colaborado decisivamente con las tropas de Anibal, durante las
guerras Púnicas. Como consecuencia de la romanización, esta zona sufre grandes cambios. Se pasa de una sociedad ganadera a otra agrícola, lo que transforma el paisaje y afecta a la distribución de la ganadería mayor. Si observamos la actual producción vacuna extensiva de la meseta norte, podemos ver que toda ella se ubica en las zonas periféricas, dejando libre el interior. Allí se criaba la vaca Avileña, la vaca Morucha, la de Lidia, la Sayaguesa, la Alistano-Sanabresa, la Mantequera leonesa(+), la Campurriana(+),la Tudanca, la Monchina, la Terreña (+), y la Serrana. Esto es así, no porque el interior de esta zona no sea apto para la producción de vacunos, sino porque se ha dedicado a una producción más rentable, la agricultura. Este es el resultado de un proceso que nace en el Neolítico, que se impulsó con la romanización y que de manera lenta pero inexorable se fue imponiendo. Todas las tierras aptas para la explotación agrícola, fueron levantadas y el ganado mayor se vio obligado a pastar en las zonas marginales, de escaso o nulo interés agrícola. Hasta hace pocos años, los municipios de la cuenca interior conservaban pastos comunales para el mantenimiento del ganado de labor, necesario para la explotación agraria, que, al mecanizarse las labores agrícolas y desaparecer este ganado, han sido roturados.
El caballar sufrió el mismo proceso que el vacuno, y de la antigua
y extensa población anterior a la preponderancia agrícola, se pasó a
poblaciones periféricas obligadas a mantenerse en pastos de montaña.
Esto tuvo dos consecuencias: los caballos, que de forma natural disponían
de los pastos de monte y de valle, se ven privados de los pastos de la
vega y forzosamente tienen que soportar el invierno en las sierras, lo que
influyó en su tamaño, ya que al disponer de menos alimento se adaptaron
reduciendo el peso y la alzada. Segundo porque, de una única y extensa
población se pasó a pequeños grupos aislados, lo que causó diferencias
evolutivas entre las distintas poblaciones. A causa de este proceso, el
antiguo caballo Celdón se meteoriza en distintas razas o sub-tipos
(caballo de los puertos, caballo buronés, caballo lebaniego, caballo
losino, jaca soriana, jacas serranas, etc.)
En estas zonas montañosas la producción de potros es rentable,
siempre que sus madres sean suficientemente duras como para soportar esas
condiciones de vida y, a pesar de ellas, engendrar. La política del
ganadero montañés es la de la producción posible, con la mínima
inversión. Esto no podía ser de otra manera ya que estas zonas de montaña
no producen piensos y su importación resultaba imposible o extremadamente
cara.
La falta de piensos hacía que los ganaderos vendiesen los potros
inmediatamente después del destete y éstos eran adquiridos por
agricultores de la vega que los recriaban con sus excedentes agrícolas y
con los pastos comunales. Estos recriadores preferían criar hembras que,
al tiempo que hacían el trabajo requerido por su amo (montura, carga,
tiro, labranza, trilla, etc.) eran cubiertas por un burro, para la
producción de mulas. Las mulas eran muy necesarias y se cotizaban mucho,
por lo que la venta de una muleta al año suponía un gran alivio a sus
economías.(Los romanos fueron los introductores de la producción de
mulas en la península)
Estas potras recriadas por los labradores tenían un mayor
desarrollo que sus madres, ya que, aunque el labrador intentaba economizar
todo lo que podía en su mantenimiento, no les faltaba el salvado, paja,
cebada, pastos comunales y abrigo durante el invierno. Normalmente se cubrían
por primera vez a la edad de tres años y lo hacían con un caballo de su
misma raza, para evitar los problemas de parto que se suelen producir en
las primerizas cuando se las cubre con un caballo grande o con un garañón.
A partir del cuarto año se las cubría sistemáticamente con garañón,
salvo que la yegua no le aceptase o fuese incapaz de producir híbridos,
en cuyo caso se la seguía cubriendo con un caballo. Estas crías
caballares eran aún de más alzada que sus madres y abuelas. Esta
circunstancia provocó que dentro de la raza de la meseta se produjeran
dos tipos de caballo, el de las sierras, que permanecía como raza
primitiva y el de la vega, que ya era una raza mejorada, si bien los
aportes genéticos del primer grupo hacia el segundo fueron constantes. A
este tipo de caballo mejorado se le conoció, posteriormente, como
caballo castellano. EL
CABALLO CASTELLANO
La invasión musulmana y la contraofensiva de los reyes de León,
provocó un retroceso a la situación pre-romana. Muchos campos se dejaron
de labrar ya que las continuas razias hacían imposible la agricultura. La
mayor parte de la población del valle del Duero se retiró hacia el
norte, quedando, prácticamente despoblado. El “ganado silvestre”
recuperó sus antiguos pastos.
Trescientos años después de la invasión árabe los castellanos y
leoneses lograron reconquistar la meseta superior.
En el siglo XII la situación agro-ganadera era muy similar a la
anterior a la invasión musulmana, reproduciéndose fielmente el escenario
de la cría caballar, salvo que, mientras duró la Reconquista, las yeguas
no se cubrían con burro, ya que los caballos eran muy necesarios para la
guerra. La demanda era muy alta y el precio también. Cualquier villano
que pudiese acudir al combate con un caballo, se convertía en caballero.
En “España un enigma histórico” de Don Claudio Sánchez
Albornoz (EDHASA, Barcelona, 1976) podemos leer:
La posesión de un caballo capaz para la guerra y de un número
mayor o menor de armas defensivas y ofensivas y el hallarse dispuesto a
servir como jinete ligero en el ejército, permitió por tanto a cada hijo
de vecino ascender a una posición social superior y al patriciado
gobernante del concejo
(t. II, págs. 50-53).
El villano que logra adquirir un buen caballo y se aventura a
pelear, como jinete, contra el moro, adquiere exenciones jurídico-políticas
que acaban equiparándole a los nobles de sangre. Y puede, como el
hidalgo, mejorar de fortuna y trocar la estrechez por la abundancia
(t. II, pág. 46).
¡Caballeros villanos!. Constituyeron la porción más activa de
las milicias concejiles que desempeñaron papel esencial en la historia
castellana.... Su número creció con el correr del tiempo. Llegaron a
formar la espuma o patriciado de los centros urbanos de los valles del
Duero y del Tajo.
La caballería villana surgió de la necesidad que sintieron los
Condes de Castilla [... ] de disponer de fuerzas armadas de importancia
contra los musulmanes y contra los reinos de León y de Navarra
En 976 García Fernández elevó a la infanzonía a todos los
jinetes de Castrojeriz y sabemos que Sancho Garcés otorgó muchas
mercedes parejas para aumentar sus fuerzas montadas
Además los reyes reglamentaron muy estrictamente la producción de
caballos: La baja de la producción y el aumento del consumo- con motivo de las guerras, de la despoblación de las tierras conquistadas y de la emigración hacia ellas de los habitantes de las tierras norteñas- habían ya movido a varios reyes de Castilla y León -al mismo Alfonso X entre ellos- a prohibir la salida del reino de los productos más necesarios al buen equilibrio de la economía nacional: de los productos que por su gran interés para la vida diaria de los castellanos, por su gran valor, por su gran rareza, por la dificultad de su fabricación, por su necesidad para la guerra o por otras razones parecidas, podían ser más indispensables para todos. Alfonso el Sabio prohibió la exportación de oro, plata, mercurio, caballos, ganado vivo o muerto.... (t. II, pág. 130).
RECUPERACIÓN DEL CABALLO LOSINO RESUMEN El caballo losino es una raza muy antigua (de las más antiguas del mundo), es autóctona de Burgos, y se ha criado siempre en régimen de semi-libertad en los montes de esta provincia. En los años ochenta estuvo muy cerca de extinguirse a causa de la mecanización de las labores agrícolas, ya que el uso al que se destinaba a esta raza últimamente era el de producción de mulas para tal fin. En el año 1985 se me ocurrió hacer un estudio personal sobre la situación de esta raza. Muchos veterinarios la consideraban ya extinguida, sin embargo, después de recorrerme todo el norte de la provincia de Burgos, logré encontrar 30 yeguas y dos caballos de pura raza. Estos animales vivían incomunicados entre sí, inmersos en ganaderías de otras razas. La mayoría eran de avanzada edad y corrían gran riesgo de desaparecer. En vista de la gravedad de la situación decidí adquirirlos y reunirlos en los montes de Pancorbo (Burgos) donde se vienen criando desde entonces. Su número ha crecido considerablemente (hoy son 270 ejemplares) así como su calidad. Viven en un monte propiedad del Ayuntamiento de este pueblo y gestionado por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León, de una extensión de 700 Has. , lo que permite mantener a todo este ganado sin necesidad de complementarles la dieta alimenticia. Pasan toda su vida en este monte, incluidos los inviernos que en esta zona suelen ser muy duros, sin que esto suponga ningún inconveniente para ellos. Las yeguas paren casi todos los años y lo hacen en completa libertad. Se podría decir que pasan su vida de la misma manera que lo hicieron sus antepasados prehistóricos, salvo por una alambrada de 16 Km, que les impedía salir de este monte e invadir las fincas de cultivo que le rodean y porque les capturaba una vez al año para desparasitarlos y retirar a los potros para su doma. Desde el comienzo de este proyecto me puse en contacto con todas las administraciones implicadas en este asunto (Cría Caballar (Ministerio de Defensa), Ministerio de Agricultura, Junta de Castilla y León, Diputación de Burgos y Ayuntamiento de Pancorbo) Por una normativa de la CEE la responsabilidad del mantenimiento de esta raza recayó en la Junta de Castilla y León. Solicité su ayuda y me fue concedida por tres años, lo que me permitió plantear e iniciar el proyecto. Si embargo, a partir de 1992-93 hubo un cambio radical en su actitud y, a partir de entonces me han escatimado su apoyo y me han aburrido con sus inspecciones, controles, sanciones administrativas y todo tipo de trabas al desarrollo del "Proyecto de Recuperación del Caballo Losino" Esta falta de apoyo y entendimiento ha llevado al proyecto de recuperación a una situación de extrema precariedad y de grandes limitaciones para su desarrollo y consolidación (al contrario de lo ocurrido en otras comunidades autónomas con otras razas autóctonas) En el año 2000, un cacique local decidió cortarme 2.500 m., de alambrada. Le denuncié ante el Tribunal de 1ª Instancia de Miranda de Ebro pero, incomprensiblemente, la juez desestimó mi demanda y, sin embargo, aceptó las demandas que durante estos años me ha interpuesto el mismo cacique por los supuestos daños causados por mis yeguas en sus sembrados. Reparé el destrozo y guardé al ganado, pero otra vez me ha vuelto a romper la alambrada y otra vez han bajado las yeguas a sus trigos y a los de otros labradores afectados. Interpuse un recurso en la Audiencia Provincial pero, después de cuatro años, aún no ha dictado sentencia. Durante estos cuatro años he tenido que hacer frente a todas las indemnizaciones por los daños causados por las yeguas (del orden de 2.000.000 de pesetas/año) lo que, sumado a la precaria situación en la que me ha mantenido la JCyL, ha desencadenado mi más absoluta ruina económica. De tratarse de una ganadería de otra raza (una raza que no estuviese en peligro de extinción) el único camino que me quedaría sería el de vender todo el ganado, pagar las deudas y esperar a que la Audiencia Provincial quiera emitir su sentencia. Pero al tratarse de los únicos ejemplares puros (hay un informe de la Facultad de Veterinaria de Córdoba que lo confirma) me niego a venderlos ya que ¿Quién compraría 270 caballos salvajes? ¿Dónde los guardaría? ¡Seguramente acabarían en el matadero!. La alternativa tendría que pasar por que se implicase la Junta de Castilla y León en este asunto, se hiciera cargo de todo el ganado y continuaran ellos con el proyecto que yo empecé. De alguna manera tendríamos que conseguir que la Junta asuma sus obligaciones y que mantenga las manadas salvajes de losinos para que sigan galopando en libertad por el Espacio Natural de los Montes Obarenes como lo hicieron desde la prehistoria. CRONOLOGÍA En el año 1985, arrastrado por una imperiosa curiosidad, inicio un rastreo metódico del Valle de Losa, en busca del caballo Losino. Comienzo mis visitas en el corazón del valle y voy ampliando el círculo hasta recorrer la periferia de la zona, en las provincias de Palencia, Santander, Vizcaya, Álava y Navarra. Durante mis viajes por la comarca procuro entrevistarme con personas ancianas, que recuerden bien a la raza original, así como con todas aquellas que me puedan aportar alguna información, como ganaderos, tratantes, transportistas de ganado, veterinarios etc. En principio, el panorama es patético (para una persona con sensibilidad conservacionista) ya que, de la abundante población caballar de la comarca, la mayoría no tiene relación alguna con la raza losina y el resto está cruzado con Postier Bretón. De las conversaciones con los naturales se extraen las siguientes conclusiones: mantenían un concepto muy claro de la raza, hablaban de ellos con admiración, destacando su finura “eran más finos que el coral” solían decir, también su resistencia y capacidad para la carrera prolongada. Distinguían el caballo Losino del Carranzano y del Orduntiego; el primero tenía mejores formas, más sólido y con una grupa más amplia y fuerte que las otras dos variedades. No faltaba quien, influido aún por las tesis de los defensores de la producción del caballo agrícola-artillero negaba la existencia de la raza o quería verla en los ejemplares cruzados. A lo largo de algo más de un año de continuos viajes y gracias a mis informadores, logré localizar un total de 30 yeguas y dos sementales de indudable pureza, esparcidos por todo el área e incomunicados entre sí. Todos ellos respondían a las descripciones clásicas de la raza y al tipo definido por las personas que lo conocieron. La mayor parte de ellos eran animales adultos e incluso viejos, por lo que se hacía urgente una intervención. Entre tanto fui conociendo a algunas personas que también estaban preocupadas por el incierto futuro de esta raza, entre los que destacaron Paloma Barrachina, Ángel Ruiz, Germán Arregui y Eugenio Fernández. El 7-12-86 nos reunimos en asamblea y decidimos actuar conjuntamente, para lo que constituiríamos algún tipo de asociación. A los dos sementales les conocí en la “Feria del caballo losino y bretón” que se realiza anualmente en Criales de Losa, organizada por la Asociación de Amigos de Criales. A esta feria concurrían caballos de toda la comarca, pero tan solo se presentaban estos dos losinos, por lo que se alternaban anualmente para la obtención del premio. Los sementales eran “Moro” de Felipe Zorrilla “Morris”, de Castrobarto, y “Blacki”, de Fernando Ungo, de Relloso. El primero era utilizado como montura para las faenas ganaderas, recela y repasador (cuando ya habían cubierto los sementales bretones, se le dejaba a él en el monte para que cubriese a aquellas yeguas que no hubieran quedado preñadas de los otros). El caballo ya tenía 20 años pero “Morris” se negaba a venderlo por la buena labor que le realizaba. “Blacki” era más joven y un poco menor de alzada, y se utilizaba como recela y repasador. En Relloso había alguna yegua racialmente aceptable, y en especial la “Mora”, de “Rafi”, una yegua pequeña pero de gran pureza. Tanto esta yegua, como otras cinco más habían parido hijos de “Blacki”. De estos seis potros, dos eran machos y uno era hijo de la “Mora” (“Betún”). Este potro prometía ser un gran raceador, como luego pudo demostrar. Los seis animales habían sido vendidos a un carnicero que los iba a retirar en breve, por lo que decidimos comprarlos, lo cual llevamos a efecto el 1 de noviembre de 1986, trasladándolos a Condado de Valdivielso, a los establos de “Torines”, donde pasaron el invierno. En los meses siguientes nos dedicamos a buscar algún monte en arrendamiento, para llevar a cabo nuestro proyecto de recuperación de la raza losina. Comenzamos a buscar en el Valle de Losa, ya que considerábamos que sería bueno criar a estos caballos en ese entorno. Esto no fue posible, bien por encontrarlos ocupados por otras ganaderías, por carecer de condiciones o por negarse el Ayuntamiento, como en el caso de San Martín de Losa, donde su alcalde nos aconsejó que no siguiésemos buscando pues “él no era partidario de arrendar los montes a forasteros”. Al no encontrar pastos en el valle, buscamos por las zonas aledañas, como Medina de Pomar (Villarán), Merindad de Cuesta Urría (Lechedo, Hierro y Vallujera) y Valle de Tobalina (San Martín de Don). Al final encontramos un pequeño monte de 85 Has. en Pinedo, Valle de Valdegobía, en Álava. Este monte, aunque pequeño y de poca calidad de pastos, estaba cerrado por una alambrada, tenía agua todo el año, tenía un precio accesible y era el único disponible en aquella ocasión, de manera que el 30 de enero del 87 cerramos trato con su alcalde, Eduardo Ortiz de Zárate. El 1 de marzo, y después de haber reparado la alambrada, trasladamos allí a los seis potros, junto con las dos primeras yeguas que compramos,”Tizona "y "Colada”. También construimos un pequeño pajar de madera y metimos 130 fardos de paja, por si lo necesitaba el ganado. El grupo de colaboradores ya había crecido a 15, pero, con las cuotas aportadas no era suficiente para cubrir todos los gastos y, sin embargo había que seguir comprando todas aquellas yeguas que racialmente lo merecieran. En el mes de mayo compré nueve yeguas, tres procedían del Valle de Soba, dos de Espinosa de los Monteros y las restantes de Puentedey. Las cinco primeras se llevaron temporalmente a Castrobarto, a un prado que alquilé, con el objeto de que fueran cubiertas por “el Moro”, las otras cuatro, que venían preñadas de un bretón, fueron llevadas directamente a Pinedo. El 1 de abril del 88 pude cerrar trato con Felipe Zorrilla y comprarle a “Moro”, que fue llevado a unas cuadras de Pancorbo, con el fin de que pudiera recuperarse, pues su estado era ya muy malo. Una vez recuperado, le soltamos en Pinedo para que cubriera a las 11 yeguas con que contábamos en ese momento El 2 de Mayo de 1988 hubo una reunión, en el Ayuntamiento de Pancorbo, a la que asistieron, además de el Sr. Montero, como Alcalde de Pancorbo, el Sr. Fernández Mardomingo, en representación de la Junta de Castilla y León, el Sr. Cadenas Bernal, en representación de la Diputación de Burgos, y una representación nuestra, para tratar sobre la mutua colaboración en el Proyecto de Recuperación y Cría en Pureza del Caballo Losino que pretendíamos llevar a cabo en este municipio. También tuvimos una entrevista con el Teniente Coronel D. Tomás Pérez Adrián, Jefe de Cría Caballar de Burgos y Soria y gran entusiasta de la raza losina, quien, hasta su temprana muerte, siempre nos animó a seguir con el proyecto. El 13 de Septiembre de 1988 acudimos al despacho de D. Gonzalo Sanz Oti, ingeniero de montes y jefe de la zona forestal de Pancorbo, para informarle de los pormenores del proyecto. El 18 de octubre nos reunimos con el Ayuntamiento de Pancorbo, el Ingeniero Jefe, el Tte. Coronel y D. Pablo Gredilla, Jefe del Laboratorio Regional Agrícola. El 12 de diciembre asistimos a la Junta Extraordinaria de la Comisión del Registro Matricula, presidida por el General Jefe de Cría Caballar, D. Gonzalo Navarro Figueroa, y cuyo punto 7º del orden del día era: Informe sobre petición de la Asociación del Caballo Losino para el reconocimiento de la raza. En él informamos sobre los orígenes de la raza, su crítica situación, las acciones llevadas a cabo en pro de su recuperación y de la intención de crear una Asociación de Ganaderos del Caballo Losino. La Junta aprobó iniciar los trámites para la apertura del Libro del Caballo Losino. ¡Por fin, después de tantos siglos de historia, iba a ser reconocida oficialmente la raza! El 20 de diciembre del 88, el Sr. Alcalde, el secretario del Ayuntamiento y yo, visitamos a D. Gonzalo Sanz Oti y, posteriormente, a D. Pascual Cadenas, en la Diputación de Burgos, para concretar las posibles ayudas para el cerramiento del monte Mayor de Pancorbo (MUP 200). Las ayudas eran posibles y suficientes, pero el ingeniero de montes puso como condición que se contase con el beneplácito de la Sociedad de Caza de Pancorbo ya que era la arrendataria de este aprovechamiento y podría verse afectada. El 27 y 28 de diciembre tuvimos sendas reuniones con dicha sociedad, pero fue imposible llegar a un acuerdo, ya que pretendían indemnizaciones abusivas e inaceptables para el Ayuntamiento. Al día siguiente repetimos la visita al Sr. ingeniero para explicarle la situación; situación que, sin duda, él ya había imaginado. Se planteó otra alternativa, la de usar los pastos comunales, que en ese momento estaban desaprovechados. Estos pastos ya contaban con algunas zonas alambradas (aunque en tan mal estado que obligaba a su total restauración) y las zonas sin alambrada correspondían a los límites del término municipal, y por tanto del coto de caza, por lo que la Sociedad de Caza no se podría oponer. El problema era que el perímetro a cerrar era de 16 Km, que, al no tratarse de un Monte de Utilidad Pública, no era objeto de la aplicación de las ayudas oficiales y que, por tanto, tendría que asumir personalmente el costo de dicha obra. En febrero de 1989 adquirí el material y comencé a alambrar ese sector de monte. En marzo compré otras cuatro yeguas, procedentes de la Merindad de Sotoscueva, y las solté en el monte de Pancorbo. El 23 de abril adquirí 11 yeguas, procedentes del Valle de Mena y fueron soltadas en el monte de Pancorbo, así como el ganado que teníamos en Pinedo, a excepción de dos yeguas y una potrilla, que no pudimos capturar para la ocasión. En ese momento había, en el monte de Pancorbo, un caballo, 23 hembras y dos potrillos, ya que las tres yeguas compradas en el Valle de Soba habían muerto en Pinedo, así como "Colada" y dos de las cuatro potras de Relloso. Los dos machos comprados en Relloso los teníamos en las cuadras de Pancorbo, donde fueron domados. El 21 de julio vinieron a conocer al ganado y los pormenores del proyecto D. Emilio Ojeda Director, General de Producción Animal y D. Eusebio Guijarro, Director General de Sanidad Animal. Se acuerda la contribución, por parte de Sanidad Animal, con los medicamentos veterinarios necesarios para el Proyecto. El 1 de julio de 1989 recibimos la visita del Consejero de Agricultura y Ganadería de la Junta de Castilla y León, D Fernando Zamácola. Le devolvimos la visita en Valladolid, diez días más tarde. En esta entrevista con el Sr. Consejero, se le hace entrega de una copia del Proyecto de Recuperación del Caballo Losino, se le informa de la situación, de las acciones realizadas y de las necesidades para el desarrollo de dicho proyecto, y se analiza la participación de la Junta de Castilla y León en él. El 15 de julio de 1989 se constituye la Sociedad particular civil denominada “Sociedad para la Recuperación y Cría en Pureza del Caballo Losino”, cuyos socios fueron: Carlos y Bernardo Aldama Álava, Ángel Ruiz Clemente, Germán Arregui Sánchez, Eduardo de Juana Sardón y José María, Fernando, Eduardo y Ricardo de Juana Aranzana. Su capital social era de dos millones setenta mil pesetas, dividido en 207 participaciones, de las que ocho pertenecían a Eduardo de Juana Sardón, 164 a Ricardo de Juana Aranzana y cinco a cada uno de los restantes socios. Se tomó el acuerdo unánime de nombrarme Administrador único de la Sociedad El 5 de agosto de 1989 presentamos a "Betún" y "Brezo" (los dos potros machos adquiridos en Relloso) a la Feria de Criales, donde consiguieron el primer y segundo premio, en la categoría de potros. En agosto murió ”Moro” a la edad de 24 años. Sólo pudimos obtener de él 9 crías, de las cuales cuatro fueron machos. El 10 de octubre de 1989 visitamos a D. Emilio Ojeda, en su despacho de Valladolid, para concretar la participación de la Consejería de Agricultura y Ganadería en el Proyecto de Recuperación del Caballo Losino. El 15 de octubre batimos el monte de Pancorbo para capturar al ganado y proceder a su marcaje, desparasitado y retirada de cuatro potros. El 21 de octubre de 1989, después de múltiples intentos fallidos, conseguimos atrapar a las dos yeguas y a la potrilla que aún permanecían en el monte de Pinedo, y las trasladamos a Pancorbo El 25 de enero de 1990 vino un equipo de rodaje del programa “El Mundo del Caballo”, de TVE, a tomar imágenes de los caballos losinos. El 10 de marzo se formaliza la solicitud de subvención a la Consejería de Agricultura y Ganadería. DOC 1 En marzo subimos al monte a “Betún” para que comenzase a ejercer como semental de la ganadería. En abril comenzaron a bajarse las yeguas a las fincas de Obarenes (pedanía próxima a Pancorbo), y aunque las metíamos y nos dábamos prisa en repasar la alambrada, no pudimos evitar que se escapasen durante algunos días. El día 18 apareció muerta “Ferrera”, con dos tiros de escopeta en el cuello, justo detrás del cencerro. Subí con el sargento de la Guardia Civil a Obarenes para que la viese. El 24 de abril de 1990 fuimos a Valladolid a firmar el convenio entre la Junta de Castilla y León y Sociedad para la Recuperación y Cría en Pureza del Caballo Losino. El 29 de junio tuvimos otra reunión con Emilio Ojeda. La Junta de Consejeros del Gobierno de Castilla y León, celebrada el día 12 de julio de 1990, a propuesta del Consejero de Agricultura y Ganadería, aprobó la concesión de una subvención de catorce millones de pesetas a la Sociedad para la Recuperación y Cría en Pureza del Caballo Losino (ver DOC. 1) “... toda vez que el objeto social justifica sobradamente la concesión, no siendo posible promover concurrencia pública al constituir la única Entidad que define en su objeto social la recuperación y cría de la raza caballar losina”. De esta subvención se entregaron 7.000.000 en el año 90, 3.500.000 en el 91 y 3.500.000 en el 92. Los compromisos que adquirimos fueron: 1º.- la elevación del número de yeguas de cría hasta cuarenta, en un período de tres años, y la utilización de dos sementales en campo. 2º.- La adquisición de un solar y la edificación de las cuadras en Pancorbo, y el cerramiento de nuevas áreas de pastos comunales en su monte. 3º.- La colocación de un cartel en el que se haría constar que esa explotación estaba auxiliada por la Junta de Castilla y León. 4º.- La puesta a disposición de la
Consejería de Agricultura y Ganadería de los datos obtenidos en la
explotación.
El
12 de septiembre de 1990 nos entrevistamos con el Director Financiero de la Caja
Rural de Burgos, con el objeto de tramitar un crédito puente que nos
permita iniciar rápidamente los compromisos adquiridos con la Junta de
Castilla y León.
Después de buscar entre todas las fincas adecuadas para la
construcción de las instalaciones del Centro de Recuperación del Caballo
Losino de Pancorbo, el 6 de noviembre de 1990 firmamos la escritura de
compraventa de dos fincas colindantes, que sumaban una superficie de 3
Hectáreas y 18 áreas, al precio de 4.250.000 Pts.
El 8 de noviembre recibimos la visita de D. José Manuel Sánchez,
Jefe del Servicio de Gestión y Apoyo de la JCyL.
El 11 de noviembre, Saturnino Ortiz Medina, vecino de Pancorbo,
compró 14 potras de raza indefinida, para echarlas al monte, junto a
nuestro ganado.
El 16 de febrero de 1991 firmamos el contrato con Construcciones
Partenón, de Briviesca, para que se hiciesen cargo de la edificación de
un pabellón , un pajar y un depósito de agua, en la finca.
El 18 de febrero dejo mi domicilio y profesión en Madrid y me
traslado definitivamente a Pancorbo.
El 6 de mayo de 1991 se constituyó, en Burgos, la Asociación Española
de Criadores del Caballo Losino, fundada por D. Bonifacio Robredo
Castresana, propietario de una yegua, D. Fernando Ungo Corral, propietario
de “Blacky” y de “Pitita” y D. Eduardo de Juana Sardón y D.
Ricardo de Juana Aranzana, en representación de la Sociedad para la
Recuperación y Cría en Pureza del Caballo Losino.
En las Elecciones Municipales celebradas el 26 de mayo de 1991 me
presenté (5º puesto) con la candidatura del PSOE. Perdimos, 176 PSOE –
190 PP.
El 15 de julio pagué 3.360.000 Pts más IVA, a Construcciones Partenón.
El 31 de julio compré la chapa lacada ondulada para la cubierta
del pajar, para instalarlo personalmente, así como todos los hierros
necesarios para la construcción de todas las puertas y ventanas de las
cuadras y pinturas de interior y exterior.
El 12 de agosto de 1991 comenzamos las obras para la construcción de un
muro periférico de las cuadras.
El 31 de agosto terminé de instalar el tejado del pajar.
El 18 de septiembre trasladamos a los caballos que teníamos en una
cuadra de Pancorbo, a las cuadras nuevas
El 7 de noviembre de 1991 tiene lugar, en Pancorbo la primera
Asamblea Plenaria de Socios de la Asociación Española de Criadores del
Caballo Losino En ella se acuerda el nombramiento de la Junta Directiva,
siendo nombrado Presidente D. Eduardo de Juana Sardón, Vicepresidente D.
Fernando Ungo Corral, Secretario D. Ricardo de Juana Aranzana y Tesorero
D. Bonifacio Robredo Castresana . A ella asisten como invitados D.
Emeterio San Salvador, Jefe Provincial de Ganadería, D. Pascual Cadenas
Jefe de los Sercicios de Agricultura y Ganaderia de la Diputación de
Burgos, el Coronel D. Tomás Pérez Adrián, Delegado de la Junta Superior
de Cría Caballar y D. Baudilio Fernández-Mardomingo, Jefe de la Unidad
Veterinaria de Burgos. Que son nombrados miembros de la Comisión de
Inscripción de ganado del Libro Genealógico provisional. Aceptan el
nombramiento y se comprometen a ejercer su misión de acuerdo con las
características raciales y normas de valoración contenidas en el
Standard de la Raza propuesto en su día a la Junta Superior de Cría
Caballar. A propuesta del Presidente son nombrados Socios de Honor los
cuatro componentes de la Comisión de Inscripción
El 22 de noviembre acudimos a las oficinas de Valladolid, de la
Consejería de Agricultura y Ganadería para presentar documentación de
la ganadería y diapositivas del ganado. Se valoró el proyecto, los
objetivos conseguidos, las dificultades y su continuación. Por nuestra
parte se solicitó que, ya que la última aportación de la subvención
vencía en el año 92, era conveniente plantear otra que permitiese el
desarrollo de otra fase con nuevos objetivos. Explicamos la necesidad de
domar a la mayor parte de los potros y presentarlos a ferias y concursos
ganaderos, con el fin de divulgar la raza, ya que de poco sirve mantener
una pequeña población relíctica de caballos en Pancorbo, si no se
consigue que, al cabo de los años, de este núcleo partan reproductores a
fundar nuevas ganaderías. Que despertar el interés por esta raza no podía
plantearse exclusivamente desde un punto de vista romántico, sino también
crematístico, dado que, como es perfectamente lógico, la mayoría de los
ganaderos plantean sus explotaciones con ese criterio. Que el caballo
losino tenía un buen potencial en ese sentido, siempre que se le diese la
promoción adecuada, ya que a España se importaban anualmente miles de
ponis, procedentes de Europa, con los que este caballo podría competir
ventajosamente, por sus condiciones físicas, por su estética, y por su
carácter. Que para poner en marcha estas acciones era necesaria la
construcción de instalaciones específicas para la doma y el
entrenamiento, así como el concurso de personal, tanto para la doma como
para el mantenimiento de los potros estabulados e instalaciones También
planteamos que dada la estrechez de la subvención, era imposible de
atender al compromiso del cierre total del monte, la urgente necesidad de
ello y la conveniencia de llegar a un acuerdo con el Ayuntamiento de
Pancorbo para garantizar unos pastos suficientes para el desarrollo del
proyecto. Por su parte, la Consejería nos informa que estaría dispuesta
a llegar a un convenio en el que participase el Ayuntamiento, que pudiera
garantizar esos pastos durante unos años
El 29 de noviembre recibimos el envío anual de productos
zoosanitarios remitido por Sanidad Animal de la Junta de Castilla y León.
El 12 de diciembre de 1991 tengo una reunión en el Ayuntamiento de
Pancorbo con el nuevo equipo de gobierno y el secretario municipal. En
esta reunión les expongo la necesidad de cerrar adecuadamente el monte de
Pancorbo y de la posibilidad de llegar a un convenio por el cual el
Ayuntamiento aportaría una porción de sus pastos comunales para el
desarrollo del Proyecto de Recuperación del Caballo Losino, y la Junta de
Castilla y León costearía su cerramiento, acondicionamiento de caminos,
abrevaderos y manga de manejo y le compensaría económicamente. El día
20 viajamos a Valladolid la Alcaldesa de Pancorbo, su Concejal de
Agricultura y yo, para entrevistarnos con D. Emilio Ojeda Sahagún, Jefe
de Producción Animal. En esta reunión los representantes del Ayuntamiento mostraron
su más enérgica oposición a la cesión de una porción de los pastos
comunales.
El 10 de Marzo de 1992 tuve una nueva reunión con el Ayuntamiento
de Pancorbo, sin lograr mover un ápice su postura.
El 2 de junio de 1992 acudo con una yegua, su rastra y una potra treintena
a la Exposición Universal Ganadera de Salamanca, de donde regresamos el día
7.
El 7 de julio se detectan los primeros ataques de lobos en
Pancorbo. En este ataque mataron 10 ovejas y dejaron heridas a muchas más.
Proseguimos con la construcción de las instalaciones en función
de la ayuda disponible. El 15 de septiembre instalamos la estructura de un
nuevo pabellón destinado a cuadras individuales.
El 31 de octubre de 1992, debido a los problemas que ocasionaba a
cada uno de los miembros de la Sociedad para la Recuperación y Cría en
Pureza del Caballo Losino la obligatoriedad de hacer trimestralmente la
declaración fiscal del IVA, lo que, bien por despiste como por falta de
información, ya había acarreado alguna sanción administrativa, tomamos
la decisión unánime de disolver la Sociedad. Estipulamos que a cada
socio le tendría que pagar 50.000 Pts en concepto de valoración
disolutoria, lo cual efectué con los que me lo solicitaron, a excepción
de los hermanos Aldama que me dijeron que no les corría ninguna prisa y
que ya se lo pagaría cuando las cosas me fuesen mejor. Lo cierto es que
ese momento nunca llegó y aún es el día en que no he podido resarcir
esa deuda. A partir de ese momento me convierto en el único responsable
del Proyecto de Recuperación del Caballo Losino, no solo en la práctica,
que ya lo venía siendo, sino también legalmente.
El 6 de noviembre recibimos el envío anual de productos
zoosanitarios.
El 15 de diciembre de 1992 tuvimos una reunión en el Gobierno Civil de
Burgos, con el Sr. Gobernador, para informarle de los ataques de los lobos
y de todos los pormenores referentes al Proyecto de Recuperación del
Caballo Losino.
El 10 de abril de 1993 tiene lugar una asamblea de la Asociación
Española de Criadores del Caballo Losino en Quincoces de Yuso, a la que
asisten, como invitados Eduardo Ruiz Sanz-Amor y Julio Sainz Alonso. En
ella se adoptó por unanimidad el acuerdo de solicitar a la Junta de
Castilla y León la autorización o reconocimiento oficial figurados en el
artículo 3.1 del RD 1026/1993, de 25 de junio, sobre selección y
reproducción de ganado equino de razas puras, y solicitar la autorización
para la creación y llevanza del Libro Genealógico de la Raza Caballar
Losina. En su punto 6º y último se acuerda aceptar como socio a D. Julio
Sainz Alonso, quien previamente lo había solicitado
El 30 de mayo de 1993 se presentan, en la Delegación de la Junta de
Castilla y León de Burgos, las cuentas y justificantes del gasto de las
subvenciones.
El 2 de mayo tuvo lugar una reunión con D. Baudilio Fernández
Mardomingo, Jefe de Ganadería de Burgos, en la que se reitera la
solicitud hecha en Valladolid el 22 de noviembre.
En junio de 1993 redactamos un informe titulado “Proyecto de
Recuperación y Cría en Pureza del Caballo Losino – Situación actual y
perspectivas”, en el que se hizo un balance de antecedentes,
actuaciones, carencias y proyectos, y se solicitaba una ayuda a la Junta
de Castilla y León de 40.000.000 de Pts. distribuidos en seis años.
El 23 de julio de 1993 se publicó el Real Decreto 1026/1993 por el
que se transfiere a la Consejería de Agricultura y Ganadería el control
técnico de los libros genealógicos de las asociaciones de su ámbito,
perdiendo la Jefatura de Cría Caballar sus competencias sobre la raza
losina
El 27 de octubre de 1993 tuvo lugar una reunión en Valladolid con D. Juan
Antonio Ordás en la que se le presenta el informe, y se
insiste en la urgencia de encontrar alguna solución para financiar al
Proyecto de Recuperación del Caballo Losino. Se razona que cuando la raza
losina desaparecía era por su escasa rentabilidad, que de haber sido económicamente
rentable su cría, no necesitaría de ninguna ayuda oficial para su
mantenimiento, que la J.C. y L. debería plantearse si merece la pena o no
el mantenimiento de esta raza autóctona, que el losino podría llegar a
ser rentable algún día pero para ello hace falta tiempo, selección e
inversión y que nosotros estábamos dispuestos a hacer el esfuerzo físico,
pero no nos era posible el esfuerzo económico. D. Juan Antonio Ordás nos
insta a que la solicitud se haga a través de la Asociación Española de
Criadores del Caballo Losino y que en él estén integrados todos sus
asociados, pues consideraba que de esa manera tendría mejor recepción
por parte de la Junta de Castilla y León. Nosotros alegamos que el único
núcleo de ganado losino con capacidad suficiente para garantizar la
supervivencia de la raza era el de Pancorbo, ya que contaba con 114
cabezas, mientras que el resto de asociados solo poseían dos yeguas muy
viejas y un caballo (el padre de uno de nuestros sementales), pero que no
teníamos ningún inconveniente en integrarles en el proyecto.
El 18 de marzo de 1994 recibimos el envío de los productos
zoosanitarios que anualmente nos remitía la Junta.
El 28 de junio asistimos a la feria de ganado autóctono de Zamora,
con seis potros treintenos, “Betún” y una mula burreña losina.
El 10 de agosto de 1994 tiene lugar la Asamblea General de Socios de la
Asociación Española de Criadores del Caballo Losino, en Quincoces de
Yuso. El Presidente informó de las conversaciones mantenidas con la
Consejería de Agricultura y Ganadería, con respecto a la solicitud de
ayudas y el núcleo de Quincoces planteó presentar una solicitud propia.
El Presidente les instó a que la presentasen a la Dirección de la
Asociación para poderla presentar, junto con la de Pancorbo, y que lo
hicieran lo más rápidamente posible para no retrasar innecesariamente
esta solicitud ya que el núcleo de Pancorbo estaba muy necesitado de
ayuda económica. Se dio de baja como socio D. Bonifacio Robredo
Castresana, por haber vendido su yegua y se dio de alta D. José Mata González,
como propietario de una yegua de mi hierro. Se renovó la Junta Directiva,
continuando como Presidente D. Eduardo de Juana Sardón, como secretario
fue nombrado D. Eduardo Ruiz Sainz-Amor, como Tesorero D. Ricardo de Juana
Aranzana y, como Vocal D. Julio Sainz Alonso. Se acordó solicitar a la
Junta de Castilla y León el título de Entidad Colaboradora, así como la
subvención correspondiente para el funcionamiento del Libro Genealógico.
El 15 de septiembre de 1994 visité, en su despacho de Valladolid, a D.
Pedro Llorente, Director General de Medio Natural, para plantearle la
situación del Proyecto de Recuperación del Caballo Losino ante la creación
del Espacio Natural de los Montes Obarenes. D. Pedro Llorente me
tranquilizó diciendo que no teníamos nada que temer sino todo lo
contrario, ya que, así como la cabra hispánica es el animal emblemático
de la Sierra de Gredos o el oso lo es de los Picos de Europa, el losino lo
sería de los Montes Obarenes. También aproveché el viaje a Valladolid
para visitar a D. Juan Antonio Ordás e informarle de la situación de
nuestros requerimientos.
El 22 de septiembre recibí la visita de D. Eduardo Ruiz y de D.
Julio Sainz
El 23 de septiembre de 1994 tiene lugar la 5ª Asamblea General de
Socios de la A.E.C.C.L., en Pancorbo, en donde se informó del estado de
cuentas y fueron examinadas por los asociados. Se acordó que cada
asociado interesado presentaría, en el plazo máximo de 15 días, su
previsión de necesidades, gastos etc., y su programa de conservación y
mejora, en el que debería figurar el montante de inversiones en capital
fijo circulante, así como los gastos de manutención, mano de obra etc.,
y su petición de ayuda tendría como máximo la cantidad de 300.000 Pts
por cabeza para un periodo de 5 años. La Junta Directiva examinaría las
aportaciones particulares, y en base a ellas, redactaría una Memoria
conjunta para presentación a la Junta de Castilla y León.
El 29 de septiembre vuelven a visitarme los señores Ruiz y Sainz
para hablarme de las subvenciones.
El 27 de octubre de 1994 presentamos nuestro proyecto a D. Juan Antonio Ordás,
en su oficina de Valladolid. Ese mismo día remitieron los dos ganaderos
de Quincoces de Yuso, su proyecto a la Asociación Española de Criadores
del Caballo Losino, en el que afirman ser propietarios de 15 yeguas, 2
potras y un caballo. Este dato produjo perplejidad en el resto de los
asociados, ya que estos señores habían adquirido su condición de socios
por la adquisición del ganado perteneciente a D. Fernando Ungo y a D.
Bonifacio Robredo, es decir dos yeguas de avanzada edad y un caballo, y no
era posible que, en tan breve espacio de tiempo se hubieran reproducido
tanto. Si no procedían de la reproducción de su ganado, ¿de donde habían
salido?. Es cierto que, aunque en la Asamblea de 10-4-93 se acordó que se
iniciase el Registro Provisional del Libro Genealógico, esto no había
sido posible por no poder concertar a los miembros de la Junta de Admisión,
pero esto no impedía que la Asociación conociera los efectivos con que
contaba cada asociado.
El 19 de enero de 1995, en conversación telefónica con el Jefe
del Servicio de Agricultura y Ganadería de Burgos, D. Baudilio Fernández-Mardomingo,
me informa que no se va a estimar mi proyecto ni mi solicitud de ayuda y
que la única alternativa que me queda es acogerme a las ayudas de una
Orden que próximamente se pretende publicar
El 8 de junio de 1995 nos presentamos en la feria ecuestre de
Madrid ECUMAD con seis ejemplares de pura raza losina.
El 4 de julio de 1995 se publicó en el B.O.C. y L.- nº 127, la
Orden de 28 de junio de 1995, de la Consejería de Agricultura y Ganadería,
por la que se regulan las ayudas para fomentar métodos de producción
agraria compatibles con las exigencias de la protección y conservación
del espacio natural. Entre sus objetivos está la conservación de
razas en peligro de extinción, y una de las razas beneficiadas es el
caballo losino.
A los pocos días me puse en contacto con D. Baudilio para hacerle
ver que las ayudas contempladas en esa Orden eran muy escasas (10.000 Pts
por animal), que con tan poca cuantía no se podría desarrollar ningún
proyecto, sino, tan solo mantener el ganado existente y con grandes
dificultades, que en su artículo 14.2 establece que los ejemplares tienen
que estar inscritos en el Libro Genealógico de su raza, pero que éste aún
no ha sido creado, a pesar de la insistencia de la A.E.C.C.L., que esto
podría acarrear problemas al no existir un sistema que determine, con
absoluta claridad, que caballos son de pura raza, y, por tanto
beneficiarios de esas ayudas, y cuales no, y que los controles mencionados
en su artículo 18 resultarían extremadamente difíciles con mi ganadería,
ya que pasta libremente en un monte muy escabroso y extenso. A lo que el
Sr. Fernández me repuso que esa era la única ayuda posible, que estaban
acelerando los trámites para la creación del Libro Genealógico y que de
los controles no me tenía por que preocupar ya que esos eran artículos
redactados a nivel genérico pero que luego sería él el encargado de
interpretarlos y que en el caso de la raza losina no se aplicarían con
rigor ya que él conocía muy bien cuáles eran las dificultades que
presentaba su manejo.
El 28 de julio de 1995, en vista de que no podía conseguir de la Junta de
Castilla y León una ayuda para el desarrollo del Proyecto de Recuperación,
y que las necesidades económicas por las que estaba pasando no me dejaban
más alternativa, presenté la solicitud para acogerme a las ayudas
contempladas en la citada Orden.
El 9 de septiembre sufrí un ataque agudo de ciática por lo que mi
familia me trasladó urgentemente a Madrid en donde me diagnosticaron una
hernia discal, aconsejándome los doctores que cambiase de actividad si
quería recuperarme.
El 21 de diciembre de 1995 remití la carta al Jefe del Servicio de Sanidad
Animal, en la que solicitaba la ayuda anual de los productos
zoosanitarios. En esta ocasión me contestó diciendo que se me había
retirado dicha ayuda y que, a partir de entonces, tendría que adquirirlos
por mi cuenta. El 10 de febrero de 1996 vinieron a conocer a la ganadería un equipo de investigadores de la Facultad de Veterinaria de Madrid, dirigido por el Dr. Cañón, con la finalidad de obtener muestras sanguíneas de ejemplares de la raza losina.
El 29 de marzo de 1996 visité a D.Pedro Llorente para tratar sobre
los problemas que estaban causando los lobos en la cabaña losina.
El 6 de abril de 1996 ingresaron a D. Eduardo de Juana Sardón en
el hospital Ramón y Cajal de Madrid aquejado de un infarto de miocardio.
El día 16 de abril de 1996 se presentaron en Pancorbo D. Eduardo
Ruiz Sainz-Amor y D. Fernando Oña Santolaya, con la pretensión de que
les hiciese el favor de presentar a la firma del Presidente, que a la sazón
se encontraba internado en el hospital convaleciente de un infarto de
miocardio, un certificado, redactado por el Sr. Ruiz, Secretario de la
A.E.C.C.L., en el que decía: CERTIFICO: Que en el Acta número Seis, correspondiente a
la Asamblea General de la Asociación celebrada el día Dos de Abril de
Mil Novecientos Noventa y Seis, hay un acuerdo que transcrito literalmente
dice así: “4.-PETICIÓN
DE SUBVENCIÓN AL C.E.D.E.R. MERINDADES.- Vistas las dificultades
normativas de la Junta de Castilla y León para conceder las
indispensables ayudas a fondo perdido para la consolidación del núcleo
de recuperación y cría del Valle de Losa, derivadas de no ser sus
integrantes agricultores o ganaderos a título principal, condición esta
que se exige en todos los decretos específicos de ayudas, y estudiado el
actual programa de ayudas del CEDER-MERINDADES donde parece buscarse la
eficacia de las acciones sin peregrinas limitaciones sobre sus promotores,
y en el que alguno de sus objetivos (recuperación y valorización de
razas autóctonas) son exactamente coincidentes con los de la Asociación,
la Asamblea, tras estudiar la memoria preparada al efecto por los
ganaderos integrantes del núcleo de recuperación de Losa, y comprobar
que la consolidación de dicho núcleo de cría encaja a la perfección
con la medida del apartado B-5 “Recuperación y valorización de razas
autóctonas” y no es una acción económicamente productiva durante el
periodo de recuperación y consolidación del núcleo de cría, aunque
posteriormente pueda llegar a ser rentable, o al menos a autofinanciarse,
decidió por unanimidad solicitar del CEDER-MERINDADES la financiación
del 70% del presupuesto de consolidación del núcleo de cría del Valle
de Losa, compuesto por los ganaderos asociados D. Julio Sainz Alonso, D.
Eduardo Ruiz Sainz-Amor y D. Fernando Oña Santolaya. El Sr.
Presidente manifestó que dada su residencia en Madrid y su estado de
salud, delegaba la representación de la Asociación para este exclusivo
asunto en uno de los ganaderos del núcleo afectado, D. Eduardo Ruiz
Sainz-Amor, delegación que pese a ser de su competencia deseaba someterla
a la Asamblea, por lo que se pasó a votación y fue convalidada por
unanimidad” Lo
que Certifico con el Visto Bueno del Presidente, en Quincoces de Yuso, a
trece de Abril de Mil Novecientos Noventa y Seis. Así mismo me presentó un Acta nº 6, según la cual se había celebrado una Asamblea General de Socios, en Pancorbo, el día 2 de abril de 1996. En este Acta no figura como socio D. José Mata y, sin embargo, en su punto 3 dice que se aprueba la admisión de D. Fernando Oña Santolaya en vista de una supuesta solicitud presentada por el interesado el 14 de mayo de 1995, y en su punto 4, figuraba el acuerdo anterior sobre solicitud de subvención al CEDER. Era obvio que tal Asamblea no se había producido, que tales acuerdos no se habían tomado, que mi padre jamás había delegado el cargo, que D. Fernando Oña jamás había presentado solicitud de admisión en la Asociación, que los documentos eran absolutamente falsos y que esos señores pretendían abusar de la precaria situación de la salud del Presidente. En el momento en que fue posible se informó al Sr. Presidente, quien, ante la gravedad de los hechos y la absoluta pérdida de confianza en el Secretario, consideró oportuno instruir expediente a D. Eduardo Ruiz Sainz-Amor.
El 25 de Mayo de 1996 se convocó la 6ª Asamblea General de Socios
de la A.E.C.C.L., en Pancorbo. Presenté ante la Asamblea un escrito del
Presidente excusando su ausencia, por motivos graves de salud, y en el que
delegaba el cargo y su voto, temporalmente, en mí. Una vez leído y
mostrado públicamente fue aprobado por los asistentes, a excepción de D.
Eduardo Ruiz Sainz-Amor, quien, si bien no se opuso a la delegación del
cargo, sí lo hizo a la delegación del voto, por entender que no está
especificado en los Estatutos. D. Fernando Oña Santolaya es presentado a
la Asamblea por D. Eduardo Ruiz y D. Julio Sainz Alonso y propuesto como
socio, en base a la posesión de 7 yeguas de raza losina, que dice haberle
vendido recientemente el primero de éstos. Como Presidente en funciones
propuse no tomar ninguna resolución sin comprobar previamente la pureza
racial de estas siete yeguas, ya que es matemáticamente imposible que el
núcleo losino de Quincoces se haya reproducido en tal medida. Los
proponentes manifiestan que en realidad tales yeguas proceden de Vizcaya,
a lo que les repuse que, en tal caso, era improbable que pertenecieran a
la raza losina, que serían de la raza Pottoka o cruzados con ella. El Sr.
Ruiz restó importancia al hecho, aduciendo que, a su juicio,
la raza losina ni existía ni había existido nunca. En el punto 4º
del orden del día presenté el expediente de separación incoado al socio
D. Eduardo Ruiz Sainz-Amor, en base a los hechos acaecidos el día 16 de
abril de 1996. Fue leído públicamente y puesto a votación, siendo
aprobado por mayoría simple, con la abstención de D. Julio Sainz Alonso
y el voto en contra del propio interesado.
El 12 de junio de 1996 asistimos a ECUMAD
El 5 de julio, a solicitud nuestra, tuvo lugar una reunión con el
Consejero de Agricultura y Ganadería en Valladolid, a la que asistimos D
Jesús Garzón, como representante del Fondo Natural Europeo y D. José
Mata y yo, como representantes de la A.E.C.C.L. En el orden del día de
esta reunión figuraban varios asuntos relacionados con el Proyecto de
Recuperación del Caballo Losino pero no se nos dio la oportunidad de
exponerlos.
El 7 de septiembre de 1996 tuvo lugar, en Pancorbo la 7ª Asamblea
General de Socios de la A.E.C.C.L.. En su primer punto del orden del día
se pasó lectura del Acta anterior así como del expediente de separación
incoado a D. Eduardo Ruiz Sainz-Amor, quedando aprobados por unanimidad.
En el 2º punto el Sr. Presidente informó que una hora antes de la
primera convocatoria se habían presentado D. Julio Sainz y D. Eduardo
Ruiz inquiriendo el motivo por el cual el segundo de ellos no había sido
convocado a esa Asamblea, que
él les había contestado que según el Acta nº 6 D. Eduardo Ruiz había
sido expulsado de esa Asociación y
que D. Julio Sainz, en muestra de disconformidad, tampoco quiso estar
presente . También informó que, dado su estado de salud, deseaba cesar
en el cargo. Se admitieron como nuevos socios a D. Ángel del Campo
Cantera y a D. José A. Isasi Vicente por ser propietarios cada uno de
ellos de una yegua losina de mi hierro. Se renovó la Junta Directiva,
siendo nombrado yo como Presidente, D. Eduardo de Juana como
Vicepresidente, D. José Mata como Secretario y D. Ángel del Campo como
Tesorero.
El 27 de septiembre de 1996 acudimos con nuestro ganado a la feria
SAMOA de Burgos.
El 2 de octubre de 1996asistimos con una representación de la raza
losina a la feria EQUUS CATALONIA en Gerona.
El 13 de noviembre fuimos citados mi padre y yo en el despacho de
D. Baudilio Fernández-Mardomingo, junto con representantes del núcleo de
Quincoces. A mi padre le fue imposible trasladarse desde Madrid, tanto por
su delicado estado de salud como por el inclemente tiempo de esas fechas.
En ésta se me conminó, por parte del Jefe del Servicio de Agricultura y
Ganadería a que rectificáramos nuestra decisión de expulsar a D.
Eduardo Ruiz Sainz-Amor, a lo que me opuse por haber sido una decisión
mayoritaria de la Asamblea General de Socios de la A.E.C.C.L., en la que
yo ni podía ni quería influir. D. Baudilio me advirtió de que, próximamente
se iba ha aprobar una subvención de 2.000.000 Pts. para la Asociación a
la que se encomendase la gestión del Libro Genealógico de la Raza
Losina, pero al haber expulsado al Sr. Ruiz el núcleo de Quincoces
pretendía crear otra Asociación y, posiblemente se la darían a ellos.
Yo alegué que nuestra Asociación siempre sería la más antigua, la que
más ganaderos y ganado agrupaba y la que lo tenía solicitado desde el 12
de diciembre de 1987 a la Junta Superior de Cría Caballar y desde el 10
de abril de 1993 a la Consejería de Agricultura y Ganadería.
El 21 de enero
de 1997 hice una llamada telefónica a D. Pedro Llorente para ver si habían
resuelto algo con respecto al asunto de los lobos de los Montes Obarenes.
Él quedó en llamarme cuando tuviese organizada una reunión en Burgos
con los delegados territoriales de Medio Ambiente y Ganadería. Nunca fui
avisado.
El 7 de mayo de 1997 presenté la solicitud de ayudas a las razas
autóctonas.
El 6 de agosto sufrí un nuevo ataque de ciática que me duró
hasta el día 12
El 15 de agosto sufrí una coz de una yegua de montura en el muslo
izquierdo, cuyos efectos me duraron hasta el día 7 de septiembre.
El 17 de octubre de 1997 vinieron, sin previo aviso, dos veterinarios de la
subdelegación de la Junta de Castilla y León en Miranda de Ebro a
hacerme un control ganadero con relación a la solicitud de la ayuda a las
razas en peligro de extinción. Les informé que en ese momento no había
en los establos más animales que algunos potros para su doma, que el
grueso de la ganadería, como es habitual, pastaban en el monte, y que si
querían podíamos subir al monte para intentar verlos. Dijeron que tendrían
que dar cuenta a sus superiores y se marcharon. El 24 de octubre de 1997 se personaron repentinamente en las cuadras D. Baudilio Fernández-Mardomingo, Dª. Paloma Delgado ( Jefa de Ayudas) y dos veterinarios, a realizarme una inspección de la ganadería, En esa ocasión tenía el mismo ganado que el día 17. D. Baudilio me increpó que mi obligación era tenerlos recogidos para la ocasión, que se levantaría Acta negativa de la inspección y que las consecuencias podrían ser la pérdida de la subvención del año y la devolución de las obtenidas con anterioridad. Le recordé lo que habíamos hablado al respecto en su despacho, antes de asumir los compromisos, a lo que la Jefa de Ayudas alegó que las inspecciones administrativas eran ineludibles y que a mí me había tocado por ser el mayor propietario de animales de la raza losina.
El 28 de enero de 1998 recibí un escrito de Dª Paloma Delgado, Jefa de
Ayudas de la Delegación de la JCyL en Burgos, en la que me informa de la
obligatoriedad de tener identificados individualmente a todos los animales
objeto de la ayuda antes del 31 de marzo de ese año. Esa identificación
tenía que ser inexcusablemente mediante microchip. El sistema de
identificación mediante microchip es óptimo cuando se trata de animales
domésticos y especialmente si son animales de compañía, pero es
prácticamente inútil en el caso de animales salvajes ya que cada vez que
se quiere comprobar su identidad es imprescindible capturarlos para
pasarles el lector. Cualquiera de los sistemas tradicionales resulta
incomparablemente más práctico para este tipo de animales. En ese
sentido la envié un escrito el 16 de febrero de 1998 (ver DOC.3) El 20 de febrero de 1998 compré un camión de segunda mano. El transportista de ganado que habitualmente me realizaba los transportes se había jubilado por lo que tenía que depender de otros que residían demasiado lejos y o no me acudían o me cobraban un precio excesivo, de manera que no tuve otra opción que gastar la mayor parte de la subvención anual en la compra y acondicionamiento de este camión. El 14 de mayo de 1998 se me convocó a una reunión en la Delegación de Agricultura y Ganadería en Burgos, para informarme del prototipo racial propuesto para el Libro Genealógico
El 26 de mayo de 1998, la Asociación Española de Criadores del
Caballo Losino remitió las alegaciones al Prototipo Racial propuesto por
la Junta de Castilla y León, en el que, aparte de citar los
antecedentes oportunos, se hacen objeciones técnicas al Prototipo,
destacando por su gravedad la de que nuestra Asociación, después de
haber mantenido abierta la inscripción de caballos losinos de origen
desconocido en el Registro- Matrícula por tres años, lo mantenía
cerrado desde el año 1989, de manera que, desde esa fecha, no se admitían
más inscripciones de ejemplares losinos que los descendientes de los ya
inscritos, y la Junta de Castilla y León proponía volverlo a abrir sin
ninguna justificación, lo que atentaba contra la pureza de la raza y
contra la labor de selección que veníamos realizando desde aquella
fecha. No se recibió nunca contestación a nuestras alegaciones (ver
DOC.
4)
El 5 de agosto de 1998 me citaron en el Ayuntamiento para tratar el
asunto de los pastos.
El 3 de septiembre de 1998 vinieron dos veterinarios de la Junta a
poner microchips a una punta de ganado que había capturado y trasladado a
las cuadras.
El 22 de octubre de 1998 fui citado (ver DOC.
5) a una reunión,
por Dª. Paloma Delgado, que tendría lugar al día siguiente en las
dependencias de la Junta de Castilla y León en Burgos.
El 23 de octubre de 1998 asistí a esa reunión en el despacho de
D. Baudilio Fernández-Mardomingo, Jefe del Servicio Territorial de
Agricultura y Ganadería, en la que se me informó de que se iba a
proceder a otorgar la subvención a Asociaciones de Criadores de ganado
por llevar a su cargo la gestión de los Libros Genealógicos. Esta ayuda
era de dos millones de pesetas, pero tendría que admitir a los ganaderos
de Quincoces y a su ganado o de lo contrario no la percibiría, a lo que
respondí que el Sr. Ruiz Sainz-Amor había sido expulsado de la Asociación
por la Asamblea General de Socios y sólo a ella le correspondía la
revocación de esa decisión, yo, como Presidente no tenía más que un
voto, aunque de calidad, y siempre sería contrario a dicha revocación
por estar absolutamente convencido de que la actitud y proyectos del Sr.
Ruiz ante la raza losina y ante la Asociación
que la defendía eran altamente dañinos. Se me intentó hacer
cambiar de criterio de muy diversas maneras pero no lo lograron. También
se trató sobre el Prototipo Racial y de las alegaciones presentadas por
nuestra Asociación. Insistí en los artículos 5.1 y 5.2, sobre la
apertura de las Secciones del Registro Fundacional y del Registro
Auxiliar, les razoné y advertí de la gravedad de tal decisión y del
perjuicio que causarían, que esta raza, al haber sufrido tantos cruces a
lo largo de tanto tiempo y por tan variadas razas, necesitaba ser
seleccionada con un criterio muy severo, que ese criterio fue el que
aplicamos cuando seleccionamos nuestro ganado, que, posteriormente, habían
surgido individuos que, atraídos por las subvenciones y amparados por la
falta de instrumentos legales que se lo impidiera, adquirieron ganado de
los más diversos orígenes cuyo único parecido con la raza antigua era
el ser pequeños y negros, que cualquier animal de los que nosotros habíamos
desechado por impuros era racialmente mejor que los suyos y que era un
abuso, una temeridad y un fraude incluir a esos animales en el mismo Libro
Genealógico. Su respuesta fue que esos animales ya venían gozando de las
ayudas oficiales desde hacía unos años y si se desestimaban, sus
propietarios tendrían que devolver esas ayudas. Plantee que era su misión
encontrar solución a ese inconveniente y que no les resultaría demasiado
difícil, pero que su obligación prioritaria era velar por la recuperación
y pureza de la raza losina
En el B.O.C. y L. de 24 de noviembre de 1998 (nº 226/1998),
aparece publicada la Orden de 30 de octubre de 1998, de la Consejería de
Agricultura y Ganadería, por la que se crea el Libro de Registro Genealógico
de la Raza Equina Losina y se aprueba su funcionamiento.
El 27 de noviembrede 1998 fui citado en la Delegación de la Junta
de Castilla y León en Burgos. En esa reunión estuvieron presentes
D.Baudilio Fernández-Mardomingo, Dª. Paloma Delgado y D. Jesús Cortés
del Amo. En esta ocasión se me conminó a que cambiara de actitud con
respecto a la admisión del Sr. Ruiz Saiz-Amor en la Asociación Española
y del ganado del núcleo de Quincoces de Yuso o, en base a la inspección
realizada el 24 de octubre de 1997, me sería desestimada la concesión de
ayuda a las razas autóctonas en peligro de extinción. Les recordé que
cuando se inició la ganadería de Pancorbo se hizo con criterios
puramente altruistas ya que entonces no existían subvenciones ni ningún
tipo de ayuda, que la localización y adquisición de los últimos
ejemplares de pura raza losina había sido posible por el esfuerzo económico
y personal de particulares, que gracias a aquella iniciativa se reconoció
oficialmente a la raza, se crearon las ayudas, el Libro Genealógico
(aunque con 10 años de retraso) y se mantenía viva la raza losina. Que
esta raza era patrimonio mundial pero que la responsabilidad de su
mantenimiento era de la Junta de Castilla y León, y concretamente de la
Delegación de la Consejería de Agricultura y Ganadería en Burgos, que
ellos eran los máximos responsables de la Delegación y por tanto del
futuro de la raza losina. Que desde el año 1993 venía solicitando un
convenio con la Junta de Castilla y León en el que se fijaran las metas,
los métodos y la financiación necesarios para recuperar a la raza
losina, que nunca habían atendido ni discutido mis requerimientos y que
tan solo me habían dejado la salida de acogerme a las ayudas previstas en
el Reglamento CEE 2078/92. Que la finalidad de esa ayuda era la compensación
de pérdida de renta frente a sistemas de explotación más competitivos
pero que resultaba absolutamente insuficiente para el desarrollo de un mínimo
programa de recuperación y fomento de la raza. Que me acogí a esa ayuda
por indicación de D. Baudilio Fernández-Mardomingo y por ser la única
alternativa que me daba, que, previamente, le manifesté las grandes
dificultades que veía en el cumplimiento de los compromisos y muy
especialmente en lo referente a los controles, ya que la cabaña en ese
momento se componía de 150 animales salvajes que pastaban libres durante
todo el año en un monte de 700 Ha., y me sería de todo punto imposible
reunirlos en un plazo de 48 horas, como pretendía ese Reglamento, a lo
que el Sr. Baudilio me había asegurado que en el caso del caballo losino
no se aplicarían esos controles por entender que no eran posibles, y que
sin embargo ahora era ese el argumento para dejar sin ayuda a mi ganado.
Que la Junta de Castilla y León debía plantearse seriamente si
consideraba oportuna o no la conservación de la raza, que si concluían
que no lo merecía les agradecería que me lo dijeran y si decidían lo
contrario que pusieran los medios necesarios. Que si el problema era yo,
que no tuviesen ningún reparo en decírmelo, ya que mi afecto por la raza
era tan alto que no dudaría en ceder la titularidad de la ganadería a la
Junta de Castilla y León (a cambio de un justiprecio), con tal de ver
hecha realidad su permanencia en el futuro, pero lo que no podían hacer
era abandonarme a mí y a la raza a nuestra suerte, pues, al no disponer
de recursos suficientes para mantenerla tendría que venderla y se
dispersaría.
Por Resolución de 3 de diciembre de 1998, de la Dirección General
de Agricultura y Ganadería de la Junta de Castilla y León, se desestimó
mi solicitud de ayuda al fomento de razas autóctonas en peligro de
extinción, correspondiente al año 1998.
El 1 de febrero de 1999 entregué, en el Registro de la Subdelegación
de la Junta de Castilla y León en Miranda de Ebro, un escrito dirigido al
Sr. Valín, Consejero de Agricultura y Ganadería.(ver DOC.
6)
El 22 de febrero de 1999 recibí la visita de dos funcionarios de
la Consejería de Agricultura y Ganadería, en mis establos, con la
intención de que les firmara un documento de siete páginas, del cual me
dejarían copia para que posteriormente pudiera leerlo. Les expliqué que
tenía por norma no firmar ningún documento sin haberlo leído
previamente, de forma que procedí a su lectura. Nada más comenzar
comprobé que se trataba de un Convenio de colaboración entre la Consejería
y la “Asociación de Criadores de la Raza Equina Losina” y que se
requería mi firma como presidente de ella. Les advertí de que la
Asociación que yo presidía no se denominaba así, por lo que sería inútil
que lo firmase, y que en el caso de estar correctamente escrito su nombre
tampoco lo haría sin obtener previamente la conformidad de la Junta
General de Socios. Ante mi negativa decidieron marcharse pero me pidieron
que esos inconvenientes y las observaciones que quisiera hacer al
documento se lo remitiese por escrito al Sr. Consejero. Cuando pude leer
tranquilamente este “Convenio” pude apreciar que era absolutamente
inaceptable, tanto por el fondo como por la forma, y que estaba claro que
el Sr. Consejero no estaba interesado en encontrar la formula para
rescatar a la raza losina, sino la que le permitiera quitarse el muerto de
encima
Al día siguiente entregué en el Registro de la JCyL en Miranda de
Ebro (Reg.Nº 106) un escrito en el que, además de lo relatado
anteriormente, hacía una serie de observaciones.
El 8 de marzo de 1999 tuvo lugar en el Ayuntamiento de Pancorbo una
reunión del Concejal de Agricultura y los ganaderos del municipio, para
tratar sobre el asunto de los pastos. En esta reunión se nos informó que
ya no teníamos derecho a los pastos comunales gratuitos ya que nuestras
ganaderías las consideraban industriales y no familiares. Este mismo
Concejal había sido copropietario de una ganadería de más de 250 vacas
que pastaron durante muchos años en los montes comunales de Pancorbo de
forma gratuita. Entonces no existían estas clasificaciones. El 23 de marzo de 1999 recibí una llamada telefónica de D. Mariano Alonso, Jefe de Sanidad y Producción Animal de Burgos en la que me citaba a una reunión en el edificio de la Junta de Castilla y León en Burgos, para el día 25. Esta reunión resultó ser para la constitución de la Comisión Central del Libro de Registro Genealógico de la Raza Equina Losina. Como asistentes figuraban D. Baudilio Fernández-Mardomingo, Jefe del Servicio Territorial de Agricultura y Ganadería, el Jefe del Servicio de Medios y Ordenación Ganadera, el Jefe del Servicio de Sanidad y Producción Animal, la Jefa de Sección del Servicio de Medios y Ordenación Ganadera, tres miembros del núcleo de Quincoces de Yuso y yo. En esta reunión formalizaron la constitución de dicha Comisión, en la que me incluyeron como representante de la inexistente Asociación de Criadores de la Raza Equina Losina. Seguidamente, dicha Comisión acordó crear una Comisión de Valoración integrada por un ganadero propuesto por la Asociación de Criadores y por dos veterinarios propuestos por la Comisión Central del Libro de Registro. Les advertí que yo era Presidente de la Asociación Española de Criadores del Caballo Losino, que no conocía ni pertenecía a esa otra Asociación y que de los otros ganaderos presentes solo uno (José A. Isasi) pertenecía a mi Asociación, ya que D. Fernando Oña nunca había llegado a ser admitido como socio y D. Eduardo Ruiz había sido expulsado. A pesar de mis objeciones se empecinaron en continuar con la representación y me nombraron ganadero integrante de la Comisión de Valoración. La siguiente decisión fue mucho más grave pues consistió en incluir de oficio y sin examen previo a todos los animales que venían gozando de la subvención, así como a toda su descendencia. Protesté esa decisión ya que, al no haber existido anteriormente una herramienta con la que poder determinar que animales eran de pura raza y cuales no, a las convocatorias de subvenciones habían acudido todo tipo de ganados y de ganaderos, y que ahora era el momento de que, la recién creada Comisión de Valoración hiciese el trabajo para el que se había creado. La respuesta del Jefe Territorial fue que había que hacerlo a su manera y admitir a todos los ejemplares, pues si alguno quedara descartado perdería la ayuda y tendría que devolver las recibidas hasta el momento. De nada sirvió mi propuesta de que se decretara una exculpación basándose en el hecho de que no existía con anterioridad ni Libro Genealógico ni Comisión de Valoración. Por último, la Comisión Central acordó fijar la fecha de las sucesivas reuniones, estableciendo al menos una al año. A pesar de haber sido nombrado vocal de dicha Comisión jamás he sido citado a ninguna otra reunión así como tampoco a la Comisión de Valoración.(ver DOC. 9)
El 8 de abril de 1999 presenté la solicitud anual de Ayudas a las
Razas en Peligro de Extinción. El 14 de abril fui convocado a una reunión en la Delegación Territorial Burgos.(ver DOC. 10)
El 13 de junio ganó las elecciones municipales en Pancorbo la
candidatura del PSOE, siendo yo elegido Alcalde El 16 de junio de 1999 presenté en Miranda un escrito a Dª Paloma Delgado (ver DOC. 11) en contestación a otro suyo de fecha 21-04-99, en el que me apremiaba para que identificara mediante microchip a la totalidad de la ganadería (los animales no identificados mediante este sistema perderían la posibilidad de ser subvencionables)
El 24 de junio llegó a Belorado mi amigo Jerónimo, que venía desde
Valencia montado en un losino de mi hierro, camino de Santiago de Compostela. El 21 de septiembre de 1999 se levantó Acta de Inspección, en la que de 115 animales para los que se solicitó ayuda, solo se pudieron capturar 22. El 8 de diciembre nos presentamos en ECUMAD con dos caballos domados.
El 25 de octubre de 1999 recibí un escrito de Dª Paloma Delgado, según
el cual la Asociación "El Bardojal" de Quincoces de Yuso ha
sido finalmente declarada como entidad colaboradora y única reconocida en
Castilla y León como representante de los ganaderos dedicados a la cría
del caballo losino, por lo que me comunican que la solicitud de ayuda
(presentada el 8 de abril) la tengo que tramitar a través de esta
Asociación.
(ver DOC.
12) El 25 de enero del 2000 me fue remitida la Resolución de 3 de diciembre de 1999 de la Dirección del Fondo de Garantía Agraria por la que se desestimaba mi solicitud de Ayuda al Fomento de Razas en Peligro de Extinción correspondiente al año 1999, en base a la certificación expedida por el Jefe de Servicio de Ayudas Ganaderas y al incumplimiento de los controles administrativos.(ver DOC. 13) El 1 de mayo de 2000 falleció mi padre, D. Eduardo de Juana Sardón. El 5 de Junio de 2000 remite un escrito la Asociación Española de Criadores del Caballo Losino al Consejero de Agricultura y Ganadería en el que se le da conocimiento del informe elaborado por la Sociedad Española de Recursos Genéticos Animales (SERGA), según el cual la única población caballar losina de pura raza es la del núcleo de Pancorbo, ya que la agrupación de Quincoces, además de carecer de la más mínima homogeneidad (dispersión genética) se encuentra genéticamente más próxima al pottoka que al núcleo de Pancorbo. Se le solicita que lo tenga en cuenta y que rectifique su política con respecto a nuestra asociación y a la de Quincoces ("el Bardojal"), así como que se replantee el Proyecto de Recuperación y Cría en Pureza del Caballo Losino.(ver DOC. 14) Ante la resolución de 3 de diciembre de 1999 por la que se desestimó mi solicitud, presenté un Recurso de Alzada, pero fue desestimado por la Orden de 2 de junio de 2000.(ver DOC.15) CONTINUARA... |
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